David Escobar Galindo
David Escobar Galindo
David Escobar Galindo nació en Santa Ana, El Salvador, el 4 de Octubre de 1943. Es Poeta, Doctor en Jurisprudencia y Ciencias Sociales, graduado de la Universidad de El Salvador, Fundador y Rector de la Universidad “Dr. José Matías Delgado”, y columnista habitual del diario La Prensa Gráfica. Entre 1990 y 1992 participó en la Comisión gubernamental negociadora del proceso de paz que puso fin a la Guerra Civil de El Salvador.
POESÍA
Ars poética
¡Belleza, flor de sueño, al fin alientas
después de tanto espanto y tanto llanto!
Porque también tu gracia puede tanto,
tanto más que el crujir de las afrentas.
cómo surgen tus músicas sedientas:
surtidores que ayer fueron tormentas
murmullos que mañana serán canto.
durmió entre los escombros hecha un nudo,
se ocultó en un rincón de la cornisa.
¡Y tú, belleza, manantial de fuego,
renaces otra vez de la ceniza!
Yo no soy Pedro
Yo no soy Pedro,
Juan,
ni Segismundo.
ni mestizo,
ni natural del valle o de la estepa.
Un mundo de orfandad de pura cepa.
un día en que unas manos
se estrecharon a medias.
ni lo haces más atroz,
ni lo remedias.
ni estoy triste,
ni creo en la derrota.
pero prefiero el brillo
de una gota.
y el amor
hecho vida.
en otra dimensión
desconocida.
algún destello de mitología,
alguna forma gris de echar la suerte.
ni al ojo solapado de la vida,
ni al párpado sincero de la muerte.
ni el perdón,
ni el cayado.
ni el que salva
o reclama ser salvado.
Juan,
ni Segismundo.
Un sonido que pasa.
El sonido fugaz de un milagro profundo.
en que alguien -una vez-
me trajo al mundo.
Los que pasan no saben…
Los que pasan no saben
que una flor
es el precio de la suerte.
que tras la piel
se esconden otras vidas.
que los grandes espacios
son nuestra casa del mañana.
que la sangre es el único
pasaporte seguro.
que nadie es fuerza viva
antes de penetrar en otro espíritu.
que la luz del amor
jamás será ceniza.
que una flor
es el precio del milagro.
que ya somos eternos.
conciencia del misterio.
Carta abierta
Amada, ven, abrígame. No pido
más que tu compañía respirable.
ya sé que estás aquí, que en el mudable
destello del estar tejes el nido.
mi corazón sería un incunable
exiliado en un sótano. Palpable
Es entonces tu influjo presentido.
lo que es advenimiento ya sabido?
Lo pido porque el ser es insaciable.
seguir pidiendo la merced amable
con queja de fervor recién nacido.
Nada es más que un instante…
Nada es más que un instante. Lo remoto
se quedó detenido en su minuto.
La sucesiva flor soñó su fruto
para prenderlo en el dorado exvoto.
su apuesta cotidiana al Absoluto.
Y en esa ardiente vocación de luto
se hunde hasta la más pura flor de loto.
en la hiriente ceniza del olvido,
suma interior de todo lo deseante.
al compartir su huella de rocío
sella la eternidad en el instante.
Diálogo en la tiniebla
No busco la verdad, pero persigo
su estela cautivante, su aleteo
que es la réplica infiel de lo que creo
y el huidizo fulgor de lo que digo.
que quizás no merezca mi deseo.
Y su ausencia es el último trofeo
que desvela mi angustia de testigo.
aspirando el aroma sin respuesta,
dejando que el silencio apenas hable.
la verdad, como un grillo, me contesta
desde el jardín del vértigo insondable.
A Juana Rosa Pita
Herida estás de tiempo. Se percibe
que estás herida acaso de distancia.
Se siente en el rumor de la fragancia
que en tu espuma de sueño se desvive.
la Isla de la fértil resonancia.
Surcada estás de urgida temperancia
como ese mar que en lágrimas te escribe.
como la capitana sin reposo,
desde otra soledad sin despedidas.
pero tú le defiendes las heridas
con sal de amor y azúcar de sollozo!
Ha muerto un hombre
I
Un hombre ha muerto. ¿Quién? No importa. Ha muerto.
Ha muerto… ¿en qué lugar? Tampoco importa.
¡Tan sólo importa, pues, eso que corta
la vida con su tajo amargo y cierto!
por un instante el mundo. Un ala absorta
cruza el azul. El infinito aborta.
¡Importa que un sepulcro se haya abierto!
La bala atroz o la agonía vaga.
¿Murió de indignidad, murió de gloria?
¡Y aunque la vida es nube transitoria,
sólo la vida importa, que se apaga!
II
Un hombre ha muerto, sí. Tú, yo, cualquiera.
Pero la vida sigue, sin remedio.
Sigue sembrando su animado predio
Con la misma semilla que no espera.
_un hombre es una hoguera_ busque el medio
de arder un poco más, con ese asedio
que se pierde en la humana tolvanera.
Se fue a la eternidad, si es que ha podido;
Si es que la eternidad sirve de ayuda…
Como todos los hombres. Y desnuda
Vuela su sombra apenas al olvido.
19
Verdinegra es la piedra, como siempre.
Transparente es el agua, como nunca.
¿Podría imaginarse algún riachuelo
que se olvidara en la sed del día?
Entre el nunca y el siempre hay una alianza.
Entre el siempre y el nunca está el abismo.
Devocionario – Poema 194 -
Voy a decir por fin la gran verdad:
La salvación del alma es otro cuerpo.
El beso es el vital salvoconducto.
Al cruzar la barrera de las venas,
la eternidad ya tiene garantía.
¡Puede dormir tranquilo el universo!
Dos pájaros que beben
Dos pájaros que beben
en una sola gota de rocío.
Dos lágrimas de lluvia
que caen juntas desde un solo alero.
Dos hojas que se duermen
en un solo recodo del follaje.
Dos manos que descubren el destino
en una sola rosa.
Dos mástiles que inventan la distancia
en una sola imagen.
Y así tú y yo en poder de la unidad.
El Reencuentro
No te encontraba, Dios, desde hace tanto.
Es cierto: te rezaba, te pedía;
pero eso es sólo la ansiedad que envía
sondas de luz desde el vital quebranto.
otra necesidad. Y hasta diría
que es la más entrañable fantasía:
gozar de tu memoria el adelanto.
sin la intimidación del absoluto;
ya puro corazón que te consume.
Y, sin pedirlo, tengo la fortuna
de respirar a ciegas tu perfume.
El Verbo Patria
Este sabor del verbo Patria,
mezcla de azúcar y de polvo,
que nos enciende las palabras
con un acento soledoso,
eco de espuma sin memoria,
pulso del verde río histórico
en que lavaron sus escorias
los oscuros y los gloriosos,
porque la Patria es una lumbre
donde todos somos iguales:
el que ordeña a primeras luces
y el que asierra los conacastes,
el que hace figuras de barro
y el que escribe tímidos versos,
la que vende en nuevos mercados
y el que pone su firma y sello,
los que levantan edificios
y los que entierran tuberías,
los que enseñan los logaritmos
y los que cantan en las misas;
y es un color de vieja música
que cruza humanos territorios,
mezcla de sueños y penurias,
mezcla de azúcar y de polvo…
Este sabor del verbo Patria,
encarnación del viento que habla.
Los muros de la patria mía
Igual que en el soneto de Quevedo
miré los muros de la patria mía,
y en lugar de la justa simetría
sólo hay desorden, crápula, remedo.
huellas que son la sangre en agonía,
del que muere atrapado en pleno día
y del que vive agonizando quedo.
porque no hay más atroz requisitoria
que la que urge la patria mal vivida.
limpiemos estos muros de su escoria,
más no con muerte, no, sino con vida!
Húndete en la ceniza
Húndete en la ceniza, perra de hielo,
que te trague la noche, que te corrompa
la oscuridad; nosotros, hombres de lágrimas,
maldecimos tu paso por nuestras horas.
de un campo abandonado, furia alevosa;
la luz no te conoce, por eso estamos
doblemente ofendidos de lo que escombras.
donde nazcas, violencia, maldita seas.Caminamos desnudos hacia el destino,
nos juntamos en valles de ardiente idioma
y si la estrella olvida su edad sin mancha,
si el fuego se abalanza con sed inhóspita,
si el rencor enarbola ciegas repúblicas,
cómo hablarán los días de justas formas.
nunca seremos altos si nos dominas,
nunca seremos dignos del aire inmune,
nunca seremos ojos llenos de vida,
sino que en lava inmunda vegetaremos,
entre un sol de gusanos que se descuelgan,
mientras la sangre brota de mil espejos,
oscureciendo el agua con sangre muerta.
donde nazcas, violencia, maldita seas.
no sacudas las hojas de nuestras puertas,
te lanzamos, hirviente, todo lo vivo,
todo lo humano y puro que nos preserva.
los ojos se te pudran, te ahogue el humo,
las ciudades se cierren igual que flores
inviolables al solo recuerdo tuyo.
será habitante claro donde tú reines;
desdichada agonía del hombre falso,
húndete en la ceniza, sorda serpiente.
cierren tu paso frentes, ojos, ideas.
es tiempo de sonidos que instalen música.
No, no asomes tu río de manos negras.
donde nazcas, violencia, maldita seas.
si aprieta en hierro impuro vidas y haciendas,
si desala sus pozos de hambre sin dueño,
si desenfunda el cáncer de su inconsciencia.
qué castillo de savias que se derrumban;
en el río revuelto, redes sin nombre,
y en la tierra apagada fieras que triunfan.
y de huesos más hondos que el desatino;
no hay vigilias que rompan alma de humanos,
ni cinceles, ni látigos, ni colmillos.
que te trague la noche que te procrea;
por la sangre en el viento, no en su recinto,
dondequiera que nazcas, ah dondequiera,
sin descanso de estirpes, años y mares,
sin descanso, violencia, maldita seas.
David Escobar Galindo





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