19
Mayo de 2012
Sabado

Poetastrabajando.com

Cuentos de Navidad

Publicado por admin el 7 - enero - 2012




El cuento de las dos pulguitas

Les cuento aquí una hermosa y bella historia que dos pulguitas vivieron y que nunca imaginaron, que al subírsele a un perro, en una noche de invierno, vivirían, una espléndida aventura que quizás, en sus mentes tan pequeñas, la hubiesen podido pensar.

Esta historia comenzó en un día de Navidad, en que Fercita y Lupita jugaban en un portal y un perrito sin quererlo, junto a ellas, se fue a acostar y el par de pulgas traviesas se introdujeron adentro de su pelar, sin saber que aquel canino, esperaba que su amigo, lo llamara con cariño para poderlo abrazar, pero, en lo que esto sucedía, las dos pulguitas corrían y hacían sus
travesías de la cola a la cabeza de aquel pobre y noble can.

Lo que ellas no sabían, es que tan bello ejemplar, propiedad era de un hombre, que es solo amor y bondad y al cual el mundo conoce como papá Nicolás y por sobre nombre lleva, solamente Santa Klaus.

Pasadas ya unas cuantas horas se escuchó un ho-ho-ho-ho y Quintín movió la cola y corriendo él acudió, al lugar donde se hallaba, sentadito Santa Klaus, el cual con mucho cariño lo abrazó y le dijo así, cuida bien la casa amigo, pues yo tendré que salir a cumplir mis compromisos que año a año, en Navidad, a los niños yo les tengo que cumplir. Quintín en esos momentos se rascó la oreja izquierda y como un rayo salieron las dos pulguitas traviesas, cayendo en la blanca barba del gordito Santa Klaus. Lupita y su hermana Fercita comenzaron a indagar por todo ése bosque blanco, el cual, como nieve en las montañas no se veía su final, pero de repente se encontraron en un pequeño lunar, el cual era el bigote, de quien los iba a llevar, a vivir una aventura, que jamás
criatura alguna, hubiese podido pensar

Muy bien acomodaditas empezaron a mirar todos los preparativos que aquel hombre tenía en mente y cada año están presentes y los tiene que cumplir.
Las dos pulguitas traviesas, sin dar molestia aquel hombre, solamente observaban, lo que Santa preparaba, después de leer las cartitas, que no sólo eran de niños, ya que también los adultos le pedían que no se olvide, que Él, es todo amor y bondad.

Al entrar a un gran salón, las pulguitas, gritaron y se exaltaron al ver un mundo de fantasías, las cuales provenían de las mentes de los niños que pedían lo que querían. Pero eso no es lo más grande que las inquietas pulguitas veían con sus propios ojos y alegraban sus caritas. Miraron con gran asombro, como, un ejército de ángeles, que con hermosos trineos jalados por grandes renos, solo esperaban la orden del grandioso general para acudir a la cita, con los que esperando están ver cumplidos sus deseos que han pedido a Santa Klaus.

Siendo las 24 horas, el gran Santa exclamó, entreguen estos regalos y que ningún niño se quede, sin estrenar un juguete, en los cinco continentes que a la tierra DIOS le dio.

Pero muy en especial, al gran arcángel Miguel, le dio la orden más bella, de visitar a los niños, que sufren de gran pobreza y a los que con gran tristeza no entienden ni saben qué es la Navidad. Le dijo, tú tendrás la gran misión de suavizar corazones de aquellos, que en abundancia más tengan. Y que todos los juguetes que sus hijos ya no quieran, en vez de ser enterrados o tirados al olvido, los compartan con los niños que no conocen ni saben a quien llaman Santa Klaus.

Cual grande fue la sorpresa que Lupita y Fer vivieron cuando las dos solo vieron que Santa Klaus se subió al más lindo y hermoso trineo, comandado por un reno al que Santa así llamó. Rodolfo, ya sabes el recorrido que tenemos que hacer hoy y no quiero en el camino que tú por ningún motivo te detengas sin razón.

Las pulguitas, ya sin tener mas remedio y acomodándose en medio del bigote de Noel, comenzaron la travesía y ya con gran alegría miraron, aún sin creer, cómo el hermoso trineo pasaba por grandes ciudades y el buen Santa se bajaba a dar felicidad a los niños, jóvenes y adultos que en las casas se encontraban; el tráfico en muchas de ellas era casi insoportable, la gente se emocionaba reventando sus juegos artificiales, que por cierto uno de ellos por poco chamusca el bigote donde tan plácidamente se encontraban las pulguitas.

Santa visitó mansiones, de esa gente que es muy rica y al sentirse poderosa no creen en Santa Klaus y a sus hijos ellos dicen que el dinero es lo más grande para conseguir aquello que lo los llene de emoción. Mas no todos hacen caso de lo que mamá y papá les dicen y escondidos han escrito su cartita a Santa Klaus. El deja contestación a cada una de ellas y le dice al niño ó niña que no se dejen llevar por la avaricia que un día sus padres le han de heredar y se conduzcan día a día con gran amor y amistad.

Las pulguitas con asombro vieron, durante todo el trayecto, que sólo las estrellitas orientaban a los renos, los que con gran velocidad superaban a la luz y con la guía del buen Santa puntuales fueran llegado a la cita con los niños que lo estaban esperando. Unos sólo se hacían los dormidos, en tanto otros se escondían, atrás de la chimenea que aún calor producía.
En la larga travesía Santa pasó por una ciudad, donde había tres Reyes Magos, adorando en un portal, a un niño recién nacido que la virgen María cuidando está y en la que las dos pulguitas pudieron bien escuchar, que JESÚS es ese niño y al que el buen Santa pidió le mande sus bendiciones y le dé la fortaleza para poder continuar en su larga travesía que tan sólo en una
noche él tendrá que terminar.

El viaje solo duró cuatro horas, pues Santa tenía que llegar, a recibir los informes que los ángeles le habrían de dar, aunque Él sabía que ninguno, lo pudo haber dejado mal, ya que durante un año entero tuvieron que organizar las entregas, que un niño ó una niña en el mundo espera con ansiedad.

Nuevamente, estando en aquel salón, las pulguitas Lupi y Fer, vieron con gran emoción cómo no hubo devolución y Santa, saludando a todos, les dijo con gran cariño misión cumplida este año, el próximo DIOS dirá, nos iremos preparando, pues quizá en el mundo habrá quien dé más publicidad a Santa y más cartas llegarán. Lupita y Fer esperaron a que Santa terminara y nuevamente abrazara a su perrito Quintín, para así darle las gracias y le pudiera decir lo feliz que Él se encontraba, pues al fin pudo cumplir, llevando amor y alegría a quien bien quiere vivir.

Mientras Papá Noel esto hacía, las pulguitas, brincando con toda alegría, se volvieron a subir a la oreja del perrito, en donde por un ratito se pusieron a dormir. Y cuando ellas despertaron gran sorpresa se llevaron, pues Quintín acomodado, sobre una cama de heno, roncaba y también ladraba, y por ratos él cuidaba el descanso de los renos, misión que le ha sido encomendada,
desde muchos años atrás.

Lupita le dijo a Fer ¿te acuerdas que Santa Klaus le dio su carta a los reyes que adoraban a JESÚS ? y Fercita contestó: yo sólo logré escuchar lo que le dijo a Melchor, no te preocupes buen Santa, juntos, con Gaspar y Baltazar, daremos un recorrido y así también poder dar los juguetes que a los niños tú no les pudiste obsequiar.

Las dos traviesas pulguitas, nunca podrán olvidar, su inolvidable aventura, y bajándose del can, a todo su clan contarán esa noche formidable que con Santa han vivido, la noche de la NAVIDAD.

Jorge Sierra


El valor de los sueños

Caía la tarde, ya se pintaba en el horizonte una acuarela de bellas tonalidades, el sol se desmayaba despacito, trayendo los colores de fuego bajo los azules que, a los pocos, se cambiarían en gris. Escenario perfecto para él, aquel anciano que del balcón, en su silla mecedora, maceraba sus pensamientos y alimentaba su sabiduría

Ya era parte de su rutina diaria sentarse allí y meditar sobre la belleza que existe en los contrastes de los soles y de las lunas, de los colores de la vida. No era raro que pasara por allí una niña coqueta que le interrumpía los pensamientos. Ella, experta y curiosa, siempre sonriente, paraba para saludarlo y para hacerle preguntas sobre las cosas más triviales, lo que siempre les rendía buenas conversaciones. Con la natural simplicidad de su niñez, lo llevaba a transportarse a su mundo de fantasías.

Esa tarde la niña llegó, lo abrazó y le platicó algunas proezas de su día, pequeñas cosas que él ha oído atentamente. Y al final la regaló una de aquellas sonrisas tiernas que parecían consentir que ella lo cambiase en niño. La plática se desarrolló por muchos temas, hasta que, repentinamente, sin ningún pudor, ella preguntó al anciano: -¿Cree usted en Santa Klaus ?

La pregunta lo tomó de súbito espanto, mas tan luego se ha visto recuperado, le tomó las manitas entre las suyas, la miró con mucha ternura y empezó a contarle una historia:

-Cuando yo era aún un niño, siempre aguardaba Diciembre con mucha ansiedad. Eran días en los cuales me sentía muy feliz. No había luces coloridas adornando las casas, como las que hay hoy, mas siempre había en un rincón de la sala un árbol hecho con ramas de pino con pequeñas piñas internas, o con pequeñas bolitas multicolores, y era como si cada una de ellas guardara mis sueños adentro. La familia parecía desbordar de amor, y una alegría incontenida invadía la casa. Mis padres nos regalaban, a mís hermanos y a mí, zapatos nuevos en el inicio del mes, y nos decían que los deberíamos guardar hasta la noche de Navidad, cuando entonces los colocaríamos en la ventana para recibir los regalos que Santa Klaus nos iba a traer.

Por muchos y muchos años, yo creí que Navidad significaba “día de ganar regalos”. Pero, mientras yo crecía y, así como tú haces ahora, empecé a preguntarme si Santa Klaus realmente existía o no. Muchas veces me quedé con la duda, pues yo convivía con otros niños y algunos de ellos nunca ganaban regalos, en sus casas no había zapatos nuevos para poner en la ventana y a sus padres, a veces, no les importaba la Navidad.

Yo solo comprendía que aquello no era justo y que si Santa existiera realmente a él no le importaría dejarles regalos lo mismo sin zapatos puestos en las ventanas, o árboles ornamentados con estrellitas y bolitas de todos colores en las salas.
Fue por cuenta de eso que empecé a pensar en el verdadero significado de Navidad, y fui creciendo hasta quedarme viejo siempre prensando en eso y ahora me veo aquí, delante de ti buscando una respuesta para la misma pregunta que hice a mí mismo toda mi vida.

Entonces, te digo: – Si, yo creo en Santa Klaus, pues me ha dado un regalo cada Diciembre, que me siento vivo. He comprendido que no necesito los zapatos nuevos y tampoco recibir cajitas con lazos y cintas coloridas – mas apenas necesito sentir su presencia en mi imaginación, esperándolo siempre en el Diciembre por venir.

Regalo significa recibir de la vida lo que es fundamental para hacerte feliz y, en cada momento de ella, descubrir lo que es verdaderamente importante para nosotros…

Entonces, querida, mi linda niña, este año ya recibí mi regalo, y tú eres mi Santa Klaus. Tu sonrisa, tu tierno abrazo, y tu cariño de niña, hacen con que yo me sienta muy feliz, como en mis tiempos de niño.
La niña ha sorbido cada palabra y entendido que Santa Klaus existe, y que él es el regalo, lo que elegimos para mantener viva la magia dentro de nosotros, en nuestras vidas.

Celêdian Assis

O valor dos sonhos (Conto de natal)


Caía a tarde, já se pintava no horizonte uma aquarela de belos tons, sol desmaiando lentamente, trazendo as cores de fogo, sob os azuis que aos poucos, acinzentavam-se. Cenário perfeito para ele, aquele ancião, que da varanda, em sua cadeira de balanço, embalava seus pensamentos e alimentava a sua sabedoria.

Já fazia parte de sua rotina diária sentar-se ali e meditar sobre a beleza que existe nos contrastes, dos sóis e luas, das cores da vida. Não raro passava por ali uma menina, faceira, que lhe interrompia os pensamentos. Ela, esperta e curiosa, sempre sorridente parava para cumprimentá-lo e para fazer-lhe perguntas sobre as coisas mais triviais, o que sempre rendiam boas conversas. Ela, com a natural simplicidade de criança, o levava a transportar-se para o mundo de fantasias.

Nessa tarde, a menina chegou, abraçou-lhe e contou-lhe algumas façanhas do dia, o que ele ouviu atentamente e ao final sorriu um daqueles sorrisos ternos, que pareciam consentir que ela o transformasse em criança. A conversa enveredou-se entre muitos temas, até que de repente, sem nenhum embaraço, ela pergunta ao ancião: – O senhor acredita em Papai Noel?

A pergunta tomou-o de súbito espanto, mas tão logo se recuperou, tomou-lhe as mãos, olhou-a com ternura e começou a contar-lhe uma história:

Quando eu era ainda um menino, esperava pelo dezembro com muita ansiedade. Eram dias nos quais eu me sentia muito feliz. Não havia luzes coloridas enfeitando as casas, como as de hoje, mas havia sempre no canto da sala a árvore feita de galhos de pinheiro, com as bolas multicores e era como se cada uma delas guardasse os meus sonhos. A família parecia transbordar de amor e uma alegria incontida tomava conta da casa. Meus pais davam a mim e aos meus irmãos, sapatos novos, logo no início do mês e diziam que deveríamos guardá-los até a noite do Natal, quando então os colocaríamos na janela, para recebermos os presentes que Papai Noel nos traria. Por muitos e muitos anos eu acreditei que Natal significava “dia de ganhar presentes”. Pois bem, eu crescia e assim como você agora, passei a perguntar-me se Papai Noel existia. Muitas vezes fiquei em dúvida, pois eu convivia com outras crianças e algumas nunca ganhavam presentes, na casa delas não havia sapatos novos para se colocar na janela e seus pais às vezes, não se importavam com o Natal. Eu só entendia que aquilo não era justo e se ele existisse mesmo, não se importaria de deixar presentes, mesmo que não houvesse sapatos na janela, ou árvores na sala. Foi daí que comecei a pensar no verdadeiro significado do Natal e fui crescendo até envelhecer, sempre pensando e agora me vejo aqui diante de você elaborando a resposta para a mesma pergunta, a qual me fiz a vida toda.

Então eu lhe digo: eu acredito em Papai Noel, pois ele tem me dado um presente a cada dezembro, que me sinto vivo. Entendi que não preciso dos sapatos novos e nem preciso receber caixas com laços de fitas, apenas preciso sentir a presença dele na minha imaginação, esperando sempre por ele num próximo dezembro. Presente significa, receber da vida o que é fundamental para te fazer feliz e em cada momento dela descobrimos o que é realmente importante para nós. Então minha linda menina, saiba que, nesse Natal já recebi o meu presente e você é o meu Papai Noel. Este sorriso que me trouxe, o abraço terno e sua meiguice de criança fazem com que eu me sinta de novo feliz, como nos tempos de menino.

A menina sorveu cada palavra e entendeu que Papai Noel existe e que ele é o próprio presente, o que escolhemos para manter viva a magia dentro de nós.

Celêdian Assis


Relato de una noche de paz

El sol de la tarde era la mejilla de alguna abuela que se ponía bonita, con perfume de flores y rosados de un nombre Delfina.

Un señor alto y delgado que cinco risitas llamaban papá desmontó del caballo. Con él venía un bolso con cuerpo de Santa Klaus.

Cinco alegrías corrieron a él abrazándolo a la altura de las piernas y cintura. Mientras zapatos, sandalias y descalzo retozaban saltitos de emoción.

Muñeco y capitán eran una forma de ladrar y un mover de colitas que también podían saltar y juguetear entre manos acariciadoras y voces de mandamás.

Los labios de un sonido Ercilia sonaban a llamar y se movían húmedos, dulces y calentitos a un amoroso y meloso besar.

El bolso del señor alto y delgado se desnudó de su atadura; del fondo saltaron unas pistolitas del Llanero Solitario para Carlitos, un arco y unas flechas para la emoción de Checha, una muñeca Roxana para Goyita, un avión con piloto para Banchito, una polvera y lápiz de labios con regañadita para Chila que ya se ponía con malicia para novia.

El cielo se llenó de estrellas y de una luna que plateaba demás.

Todos entraron al calor de la casa, en una esquina de ella una estrella iluminaba un pesebre donde en unas horas, desde el corazón de cada uno, nacería el niño Jesús.

Russo Dylan-Galeas


El trineo mágico

Todos los años en esta época, acostumbro visitar una ciudad relativamente cercana y regresar solamente al final del día. Y hace muchos años que siempre encuentro un personaje curioso, insidioso, vestido de Santa Klaus, que, de una o otra manera, por su vez siempre encuentra una forma de importunarme – sea pidiéndome alguna cosa , sea apenas hablando sin cesar.

Puedo ver que las personas lo evitan con una sonrisa, huyen de su irreverencia algo desmedida, de su voz atronadora y de la falta de límite de sus palabras.

En el día en que lo he visto por la primera vez, el mesero terminaba de preguntarme qué quería para acompañar el bistec que yo había ordenado, si arroz, si papas, y yo había respondido “-Papas!”. Fuera em esse momento que Santa Klaus llegara repentinamente, tomara asiento a mi mesa sonriendo siempre, y dijera que le gustaría la misma cosa. Después quedarase mirándome alternativamente a mí y a al mesero hasta que, finalmente, me puse de acuerdo. En poco tempo iría a tomar mi autobús y a salir de allí. Podía perfectamente pagarle una buena comida.
El mesero se fuera y fuera entonces que él se presentara. Tendió para mí una mano muy sucia, que tuve hesitaciones de apretar y dije con una sonrisa alvar, pero donde faltaban dientes:

- Muchas gracias. ¡Tengo un hambre de león! Déjame presentarme: – Yo soy Santa Klaus! Tú ya lo sé, claro: -¡eres Papas!
- ¿Qué? ¡No! Yo soy…
- ¡Papas!

No sirvió rebelarme. Desde entonces me quedé siendo Papas.

Y en los años siguientes, en aquel mismo pequeño bar de la terminal de autobuses, mientras como alguna cosa en cuanto el autobús llega, siempre termino por encontrar Santa Klaus. Y siempre comemos juntos y platicando – de tal manera que el mesero – que hoy ya es un otro – me llama Dr Papas, el cretino, y siempre pone dos lugares en la mesa.

Y siempre Santa llega venido de la nada, en las mismas ropas viejas de bolsillos enormes, ruidoso, estruendoso, muy sucio.
Ese año, me he decidido finalmente a interpelarlo. Tal vez a entrevistarlo. ¿Por qué no?

Así, estaba ya sentado a la mesa pensando sobre eso cuando escuché en mis espaldas su poderosa voz, sólo que de esta fecha hablando en español “-¿Eres tú, Papas ? “

Sentí una sonrisa nacer dentro de mí. Y toda la fuerza que tuve de hacer para contenerme y no demostrar mi alegría por reencontrarlo me ha dado la dimensión exacta de la ansiedad con la cual yo aguardaba por ese encuentro. Me he levantado y abrazado mi viejo amigo Santa Klaus.

- ¡Si! ¡Yo mismo! ¿Pero ahora hablas español? – le pregunté mirándole en la faz muy oscura, contrastando con su pelo muy blanco.
- ¡Así no necesitas traducirme! ¿Verdad? – su sonrisa era desconcertante.
-¡Claro! Mas ¿cómo sabes?
- Tenia que ocurrir, más temprano o más tarde. Siempre lo percibí, en las preguntas contenidas que no osabas hacer…Y hay cosas que un viejo Santa sabe por instinto – privilegios de la edad…
-Ah bueno, entonces yo he sido muy transparente…
-Ah, si… ¡mucho! – ha reído él
- Entonces, se eres mismo Santa Klaus, ¿por qué nunca me has dado un regalo de Navidad?
- Hum…a ver…¿Cuántas personas conoces aquí en esa ciudad ?
- Aquí no conozco a nadie. Sólo te conozco a ti.
- Pero yo no soy de aquí. Yo apenas te busqué, te tendí mi mano y mi compañía.

Me reí, divertido.

-Compañía que fue cenando a mis costas, todos estos años, ¿verdad?
-Bueno, ¡eso fue un detalle para tu satisfacción personal! Te quedaste feliz porque crees que podías perfectamente pagarme una buena comida, ¿verdad? Puedes confesarte, va…
-Si, confeso, claro rsss…
-Entonces… ¡vamos a cenar, hombre! Podremos hablar mientras comemos.
-Bueno, si…pero… -¡De acuerdo! No dejas de tener razón, Y confieso que estoy un poco desorientado con todo esto…
- Cálmate, y pregunta lo que quieras…
- Entonces, ¡dime tu nombre!
– ¡Santa Klaus !
- ¡Ah no! ¡Así no! ¿ Cómo vas a ser Santa Klaus, si eres negro? ¡¡¡ ¿Hein ?!!!¿Acaso crees que soy idiota?

Él parecía sorprendido.

- Pero es mi nombre, desde niño… Hace tiempo,¡eso!
-¿Y dónde pones el trineo que nunca lo he visto?
- Es que casi no lo uso. Sin nieve se queda muy difícil…

Él aproximó su cabeza a la mía por sobre los platillos en la mesa:

- Papas, ¿tu crees verdaderamente en eso? Y mira, si fuera verdad, ¿ya pensaste como están hoy los aeropuertos ?

Me quedé sin respuesta por un largo rato… Mientras tanto, llegó la comida y fuimos comiendo casi en silencio. Por las ventanas junto a nosotros, podíamos ver en un aparcamiento cercano, casi vacío, un grupo de niños sentado en el suelo, sin hacer nada. Entonces, sin interrumpir lo que me estaba diciendo, Santa Klaus abrió una ventana, y sacó de uno de sus inmensos bolsillos una pequeña pelota de tenis amarilla, completamente nueva. Después la jugó para los niños con un grito, y volvió a tomar asiento, a comer y a platicar como si nada se hubiera pasado.

En poco tiempo los niños afuera tenían con la pelotita amarilla un improbable juego sin reglas, imposible de comprender por uno que fuera adulto. Santa Klaus reía mirándolos mientras platicábamos sobre otras cosas. A los pocos volvíamos a la entrevista.

- ¿Y los renos?– pregunté sospechoso -¿Cómo se llamaban los renos?
- ¡Bobi!
- ¿Bobi? – he repetido sin creerlo – ¡ Pero eso es nombre de perrito!
-¿Ah si? Lo crees ?– preguntó con un aire muy inocente…
- ¡Claro que es! ¿Y qué ocurrió con Rudolph y los otros, hein ?
- ¡No sé! ¡Nunca los he visto! Cuando asumí el cargo, ya entonces no había renos. Oí hablar de un churrasco, hace mucho tempo…
- ¿Churrasco? Pero eso es una locura. ¡Eso no se dice!
- Cálmate, hombre. No sé si es verdad. ¡Pero nunca los he visto!

Empecé a entender todo. Él no era Santa Klaus. ¡Apenas de nombre!

- Hummmm, entiendo…Y para tus viajes usas…
- Ah, tengo un viejo furgón Ford, de quien nadie sospecha, eh eh
- ¿Y qué pasa con el viejo HOU…HOU…HOU…? ¿ Hem?
- Ah, mira…Eso es sólo para cuando hay niños cerca de mi, ¡claro! Nadie que es sano se ríe así, ¿verdad? Iba a parecer tontito de la cabeza…
-Bueno, eso es verdad…Mas ¿y el saco de los regalos? Tampoco lo usas, claro…
-Asi un saco, que puedas llamarle “un saco”, ¡no uso! Pero mira bien la talla de mis bolsillos…Mucho más prácticos. Y actualmente, los regalos son mucho más pequeños que dantes. ¡¡¡Si!!! Hoy se regala un pendrive. Pequeñito. O un bolígrafo bonito. Unos pendientes de brillantes, mínimos. Un prendedor de corbata. Una lencería más sexy…
-¿Qué? – yo no podía creer lo que oía. ¡Estaba sorprendido! – Pero eso no son cosas que uno pueda ofertar a los niños. A los niños les gustan juegos, bicicletas, carritos, muñecas, ¡cositas así…!
- Nááá ! Yo prefiero los adultos. Es una cuestión de lógica. Si ayudas a los adultos, ellos van a dar mejores presentes a los niños. Si ellos están felices, sintiendo el espíritu de la Navidad, ellos van a llevar ese espíritu Navideño a sus casas y a enseñarlo a los niños, y eso es lo que importa, ¿no crees?

Yo me quedé sin saber que hacia ante aquel Santa Klaus negro, sucio, que me llamaba Papas, de quien era tan amigo y con quien cenaba en el mismo lugar hacia tantos años, que nunca había visto renos ni trineo, y que aún se creía a sí mismo mi regalo Navideño – a pesar de siempre cenar a mis costas.

Mi cara debía traducir mis pensamientos, porque Santa se reía mirándome, y me dije:

- No te quedes así, chocado conmigo. La vida es como es. Y no es más que apenas un sueño, tal como nos decidimos a soñarlo.
Mientras tengas en tu sueño espacio para un Santa Klaus cargando un saco de regalos en su espalda, descendiendo por las chimeneas y distribuyendo los pedidos soñados por los niños, así será siempre.

Mientras tengas espacio en tu sueño para un trineo tirado por Rudolph y los otros renos, campanas sonando en la noche, y un trineo mágico volador que no necesita nieve y vuela por los aires rumbo al Polo Norte donde queda la fábrica de juguetes que Santa Klaus tiene allá – bueno… no será de otra forma nunca.

Yo lo miraba, sintiendo que alguna cosa importante estaba ocurriendo allí, en aquel momento, con nosotros.

-Mas puede ocurrir que un día en tu sueño no va a caber más que un Santa Klaus más sencillo, menos mágico y más humano, que no llegue a tantos lugares al mismo tempo. Tal vez no vuele por esos aires afuera en un trineo fantástico, como los otros, tal vez intente ayudar aquellos que se acercan – con pequeños gestos llenos, un poco de compañía, una pelotita barata para los niños ociosos, una saca de comida para los perros abandonados en las calles. Probablemente cosas que ni siquiera van a componer un sueño muy grande. Puede ser un Santa Klaus blanco, negro, mestizo, de cualquier color – y eso no va a hacer ninguna diferencia, pues Navidad es apenas un día en el año. Pero es un sueño y un sueño es mucho más que eso, ¡es un gigante que no muere!

Entonces, súbitamente, Santa Klaus se puso de pie, y de uno de sus enormes bolsillos sacó una caja que me entregó.

-¡Ahora tengo de irme! –Dijo – Este es mi último año como Santa Klaus y aún tengo muchas cosas para hacer, no tienes idea…Así mismo, encontré espacio en mi sueño para traerte un regalito. ¿Quién sabe si en el próximo año habrá espacio en tu sueño para que le encuentres una buena utilidad?

-¡Gracias! – Le dije – Abracé a mi viejo amigo y busqué una mesa libre sobre la cual pudiera abrir su regalo. Cuando intenté hablar con él ya había partido, sin que yo lo percibiera. Volví a mirar el regalo. Sobre la mesa encontrábase una vestimenta completa de Santa Klaus, completamente nueva y brillante, con una pequeña tarjeta que decía: “¡Las botas, las compras tú! ¿De acuerdo? “

Mi risotada sonó demasiado alta. Mientras tanto, el mesero se aproximó a la ventana y también estaba riendo, mirando afuera. Los niños del aparcamiento habían interrumpido su juego y asistían a un fuego de artificio que venia de un viejo furgón Ford aparcado al lado de un enorme árbol navideño totalmente iluminado.

Y no he visto ningún trineo, mas juro que se oían claramente unas campanas que yo no esperaba, y por sobre todo aquello, una fantástica voz sonaba, inesperada también….HOU…HOU…HOU… y parecía suspendida sobre toda la ciudad…HOU…HOU…HOU…
Sigo sin entender como él hacía aquello, volví a mirar las ropas, creyendo haber entendido todo un poco mejor… Seguí mirando las ropas…

En el próximo año… ¿quién sabe?

Henrique Mendes


El Restaurante Florido



El vientre hueco aguzó muy temprano sus instintos, la familia aglomerada en un pequeño espacio con ojos hambrientos, pedazo de suelo que él llamaba hogar, Serafín era uno de los seis escuálidos hijos de una pareja sin nada propio, brutal destino. Una caja de madera para lustrar zapatos era su amigo más íntimo, leal y fiel confidente, su diaria compañía, y todos los días eran el mismo martirio, trabajar para comer un día, quizás un cruel designio, ese es el cuento que esa noche he de contar poéticamente.

Niño delgado, de pasos desacompasados, labor sin miedo. Cuando la aurora anunciaba un nuevo día Serafín ya estaba en pie, con seis años de edad, y salía en busca de una sobrevida, sin estar seguro de lo que sería realmente vida, pues él no tenia tiempo para cuestionarse sobre esas filosofías, el hambre era su brújula, su norte más dolorido.

Lavaba su cara y se iba para el frente del Restaurante Florido, sin conocer las comidas que allá servían, mas, con sus pequeños deditos lustrando docenas de zapatos alcanzaba a sostenerse y cuando regresaba entregaba a sus padres el dinero sudado que yacía en el fondo de la caja de madera, menguado, poco, mas era lo que él podía obtener; su cara eternamente sudada, manitas sucias, fatigadas, pero, una vez más, en aquella noche habría cena en el hogar.

Trabajaba desde domingo hasta sábado sin descanso, sin saber lo que era jugar con los otros niños. Algunas veces lo avistaba distraído, mirando a los otros niños ruborizados y sonrientes que con sus juegos ruidosos atraían su mirada, mas inmediatamente él volvía a su constante ritmo, los clientes eran ciertos en aquel lugar cerca del Restaurante Florido.

En su asiento en un banquito de madera donada su oficio era el de no soñar horas seguidas sentado, tan pequeño el limpiabotas, apenas una almohada descolorida amenizaba su fatiga, todo bajo el olor de buena comida.

Con un aprieto en mi pecho, yo reprimía mi llanto. Tengo un puesto de periódicos y revistas del otro lado de la calle frente al Restaurante Florido desde hace dos años y lo veo como el más lindo ángel que, siendo alado, no alcanza a volar. Serafín, niño aguerrido, todos sus hermanos se tornaron bandidos, su misión era ayudar el proveer del hogar.

En la víspera de Navidad, allá estaba el pequeño niño impaciente, callos en las manos, lustrando y puliendo. Fue entonces que he decidido aproximarme con papel y pluma en la mano. Serafín sonriente mirándome relajado, y le pedí que me dictara un simple pedido que a Santa Klaus yo iría a entregar. Le saqué una sonrisa astuta, como si en aquel instante el niño hubiera ganado espacio y que, en medio del juego, pudiera finalmente soñar.

El cuento poético (que en portugués usa palabras cuya sonoridad rima) pretende añadir colores, semejantes a las flores que existen en aquel lugar, crudo sino de tan joven y querido niño, cerca al Restaurante Florido, y sus conmovedoras y sonrientes palabras puestas por mí en el papel, tal vez un último suspiro de niño adulto cambiándose en un adulto que no hay.

Mi nombre es Serafín, tengo seis años, y creo que no le gusto a Santa Klaus. A él le gustan más esos niños que entran ahí en Restaurante Florido, pero lo mismo hago mi pedido, sin saber si voy a ser escuchado, (quizás de los otros que hice él se haya olvidado), mas en usted yo voy a creer.

Dígale que me gusta la Noche de Navidad, mis clientes me llaman “mi hijo”, me acarician, es una noche diferente de lo normal. Siempre sobra un poquito más de dinero para una gaseosa, gano unas ropitas viejas, me siento más querido, las señoras me bendicen y me dan comidas, en esa noche yo lleno esa caja y en casa comemos menos mal…

Mi pedido, que espero no sea otra vez olvidado, siéntese usted aquí, que voy a pulirle muy bien los zapatos mientras lo hago:

Y ese es el pedido que guardo conmigo eternamente. Serafín hace años que se ha ido y no lustra más zapatos en aquel lugar. Mis ojos siempre se quedan mojados al recordar aquel niño que en un astuto momento único, juntando letras y sin entender su mundo, me ofertó un regalo sin igual. Tal vez las alitas de aquel pequeño ángel lo hayan liberado en algún momento determinado y reste de él solamente su pedido de Navidad.

“Santa Klaus, quiero que me traigas las sonrisas de los niños que entran en el Restaurante Florido. No es esa sonrisa que es sólo de la Noche de Navidad, mas sí una sonrisa que yo no tengo y con más brillo, que gana de los zapatos a los cuales hago mi mejor lustrado. Buenas noches, y tenga una Feliz Navidad. ”

O Poeta do Deserto 10/12/11


O Restaurante Florido

A barriga oca aguçou bem cedo os seus instintos, família aglomerada em um vão com olhos famintos, pedaço de chão que ele chamava de lar, Serafim era um dos seis magérrimos filhos, de um casal sem eira e nem beira brutal destino, um caixote de lustrar sapatos o seu amigo mais íntimo, leal e confidente a lhe acompanhar, todos os dias eram o mesmo martírio, trabalhar para comer um dia, quiçá cruel desígnio, é o conto que nesta noite hei de poeticamente contar.

Menino franzino, passos descompassados, labor destemido, quando a aurora anunciava um novo dia, Serafim já estava de pé, com seis anos de vida, saía em busca de uma sobrevida, mesmo sem saber ao certo o que seria mesmo a vida, essas filosofias ele não tinha tempo para questionar, a fome era sua bússola, o seu norte mais doído, lavava o rosto e ia para frente do “restaurante florido”, não sabia o que lá serviam, mas, com seus dedos pequeninos a lustrar dezenas de sapatos conseguia se sustentar, ao voltar para a casa, entregava aos pais o dinheiro sambado, que no caixote jazia minguado, era pouco, mas, era o que ele podia arrumar, face suada, mãos engraxadas cansadas, naquela noite haveria jantar no lar.

Trabalhava de sábado a domingo, sem descanso, sem saber o que é brincar, algumas vezes eu o avistava distraído, olhando para as crianças coradas e sorrindo, que com suas algazarras atraíam o seu olhar, mas, no mesmo instante ele voltava ao seu constante ritmo, a clientela era certa naquele lugar, ele chamava de “restaurante florido”, ao lado dalí em um banquinho polido de madeira doada, o seu ofício era o não sonhar, horas a fio sentado, o engraxate tão pequenino, uma pequena almofada desbotada aliviava a sua fadiga, cena mesclada ao odor da boa comida, com aperto no peito, eu represava o meu chorar.

Tenho uma banca de jornais em frente ao “restaurante florido”, há dois anos, vejo o anjo mais lindo, que mesmo alado não consegue voar, Serafim, menino aguerrido, os seus irmãos se tornaram todos bandidos, a sua missão era ajudar no sustento do lar, véspera de Natal lá estava o pequeno sofrido, calos nas mãos, lustrando e polindo, foi quando então decidi me aproximar, Serafim sorrindo me olhou descontraído, com papel e caneta em punho o pedi para ele ditar, mesmo que fosse um tão só singelo pedido, que ao Papai Noel eu iria entregar, despertei nele um sorrateiro sorriso, como que naquele instante a criança houvesse surgido, e que em meio ao lúdico, enfim, pudesse sonhar.

O conto com rimas foi para dar um colorido, tal quais as flores que permeiam aquele lugar, crua sina, do tão jovem e querido, menino sem chances em meio ao “restaurante florido”, as suas sorridentes comoventes letras em papel talvez um último suspiro, de criança adulta, em um adulto que não há.

Me chamo Serafim, tenho seis anos, acho que Papai Noel não gosta de mim, ele gosta mais dessas crianças que entram aí nesse restaurante florido, mesmo assim vou fazer meu pedido, mesmo sem saber se vou ser ouvido, pode ser que ele tenha se esquecido dos meus outros, mas, em você eu acredito, diga para ele que não fique bravo comigo, eu gosto de noite de Natal, meus clientes me chamam de meu filho, fazem um afago, é uma noite diferente da normal, sobra mais dinheiro para eu comprar pirulitos, ganho roupas, me sinto mais querido, as senhoras me abençoam e me dão comidas, nesta noite eu encho essa latrina, e lá em casa comemos menos mal, meu pedido que farei entregue e esperarei aflito, espero não ser novamente esquecido, sente aqui que eu engraxo bem legal.

Guardo eternamente o pedido, Serafim há anos está sumido, não engraxa mais naquele local, embaço os olhos ao relembrar do pequeno menino, que em um sorrateiro momento único, juntando letras, e sem entender o seu mundo, me ofertou um presente sem igual, talvez as asas daquele anjinho alado, tenham em determinado momento subitamente lhe libertado, resta apenas, o seu pedido de Natal:

Papai Noel, quero que me tragas os sorrisos das crianças que entram no restaurante florido, não é sorriso só de noite de Natal, é um sorriso que não tenho e com mais brilho, ganham até dos sapatos que com afinco eu dou o meu melhor polido, boa noite e tenha um feliz Natal.

O Poeta do Deserto 10/12/11

Puedes avanzar hasta el final del artículo para dejar un comentario. Los trackbacks se han deshabilitado para la presente entrada.

Deja un Comentario

You must be logged in to post a comment.

Comentarios Recientes

Les damos la bienvenida a LetrA – Z, una revista que es extensión del foro Poetastrabajando.com dedicada a la literatura y a las diferentes manifestaciones del arte. En ella podrán hallar los libros editados por nuestros poetas del foro, trabajos en verso y prosa, galerías con muestras de pintura y fotografía, entrevistas y artículos mensuales de cine, danza y música. Esperamos que el paso de todos ustedes por estas páginas sea tan placentero como lo es para nosotros elaborarlas mes a mes. A los poetas y escritores que deseen sumarse al foro poetastrabajando.com, pueden hacernos llegar el pedido con nombre de usuario y correo de registro; y para quienes deseen exponer sus trabajos de pintura, escultura, fotografía o música pueden ponerse en contacto con la redacción de esta Revista enviando un mail desde la página CONTACTO (en la parte superior de esta web). Las puertas están abiertas para todos aquellos que deseen dar a conocer su labor.

Comentarios Recientes

LUCES Y SOMBRAS

El 25-may-2010
Por admin

Jaime Torres Bodet

El 8-may-2012
Por admin

DANZA

El 2-mar-2012
Por admin