Conversando con Marvin Galeas
Conversando con Marvin Galeas
Jamás podría suponer este diálogo como una entrevista, yo lo llamaría charla amena donde el tiempo voló más rápido de lo que hubiera querido, como si dos amigos que se conocen de hace tiempo se sentaran mate por medio a conversar.
Habíamos pactado una hora determinada y ambos nos encontramos antes. El tiempo previo lo usamos para dar una vuelta por un de todo un poco, mi segundo nombre, ese que nadie usa para llamarme en muchos años y me gusta el detalle de haberlo adoptado para dirigirse a mí; su país, el mío, dejar volar la imaginación y hasta soñar con ver un clásico en la Bombonera…
Y se respetó el horario. No pasamos a la tarea que íbamos a emprender hasta la hora acordada. Ese hombre que es escritor y viste camisas blancas, corbata, trajes oscuros y se corta el pelo dos veces al mes, dejó que la conversación caminara por rutas literarias a la hora convenida y me regaló un diálogo enriquecedor
Mi agradecimiento a Marvin Galeas por haber permitido este momento.
Leonor Adriana Aguilar
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Adriana – Leyendo datos y trabajos donde se habla de la familia que venís, ¿Es correcto pensar que entre vos y la literatura no hubo un encuentro a los tantos años de edad, sino que desde antes de nacer ya hay literatura en vos?
Marvin – El sentimiento es igual. Si la literatura es recuerdos de antes de nacer, sí la hay.
Adriana – En qué momento dejaste de ser espectador para ser el que escribe
Marvin – Nunca he dejado de ser espectador… veo, siento, pienso luego escribo y sigo viendo
Adriana – Pero a la hora de escribir te transformas en protagonista. Hay relatos tuyos que impactan
Marvin – Espectador en primera fila y no pocas veces me paso de la rayita para tomar parte en el asunto y luego contarlo
Adriana – Lo haces, en cada relato, en cada editorial donde pones tu opinión personal. La historia de los tres libros, que pienso llevar a la revista este mes, es una clara muestra
Marvin – Lo que pasa es que escribo lo que vivo y cuando no lo he vivido me lo imagino a tal punto que casi es vivirlo
Adriana – En tus años adolescentes apareció en tu vida el café Bella Nápoles y un grupo de poetas y escritores jóvenes y seguramente una generación de poetas y escritores mayores ¿Cómo viviste esa época?
Marvin – Con asombro, alegría, intensidad. Tuve la suerte loca de conocer a esa gente maravillosa que a la vez que tomaban tragos, hablaban de Sartre y de Bakunin, de Janis Joplin, Woodie Allen y el Che, que habían leído a Plejanov y las historia completa de la guerra civil española y la mayoría no tenían ni siquiera 23 años. Yo tenía 17 cuando llegué y Geovani 14
Adriana – ¿A quiénes conociste ahí?
Marvin – Los más entrañables, los poetas Jaime Suárez, Nelson Brizuela y Roberto Saballos, los actores Leo Arguello, Saul Amaya y Fidel Cortez. Había escultores, bailarines, músicos. Una generación muy especial
Adriana – Cómo llegaste a reunirte con ellos, el inicio de eso
Marvin – Yo estudiaba en Costa Rica, cuando regresé a finales de 1975, Geovani, mi hermano, me habló de los poetas del Café. Me pareció un mundo distinto al mío… fuimos y me hice adicto al café Bella Nápoles. A sus tertulias de la tardes y los mediodías del sábado
Adriana – Parece un mundo dentro del mismo mundo. Qué aprendiste de ellos
Marvin – La pasión por la vida, la literatura, el arte en general, la amistad, el desenfado, el riesgo
Adriana – ¿Cómo los veía la sociedad? ¿Eran censurados?
Marvin – Sí y mucho. La sociedad arrinconada por el autoritarismo militar, por los miedos, censurada y autocensurada… pero a punto de estallar,,, ese era el momento en que conocí a los poetas del Bella Napoles… casi todos están muertos… la mayoría antes de los treinta
Adriana – ¿Nunca sentiste temor de estar ahí?
Marvin – Sí, tenía miedo. Casi siempre viví con miedo pero aprendí a vivir con eso
Adriana – ¿La poesía de la generación de 98 les caía a ustedes “como al pasto el rocío” debido al momento histórico que se vivía en El Salvador?
Marvin – Sí, había mucha identificación con los poetas españoles de los años previos a la guerra civil en España, pero también había mucha influencia de los poetas y narradores suramericanos contemporáneos nuestros Como Juan Gelman, Eduardo Galeano, Benedetti
Adriana – Con quienes te identificabas más o de algún modo sentiste que te formaron
Marvin – De la generación del 98 con los hermanos Machado, sobre todo Antonio. Su famoso poema autorretrato me ha acompañado siempre. A veces le cambiaba Sevilla por Jocoro, el pueblo donde pasé mi infancia
Adriana – En el Otoño del Patriarca de Gabriel García Márquez se lee lo siguiente:
” Tiene fiebre en los cañones, no sirve. Nunca volvimos a oírle aquella frase hasta después del ciclón cuando proclamó una nueva amnistía para los presos y autorizó el regreso de todos los desterrados salvo los hombres de letras, por supuesto, esos nunca, dijo, tienen fiebre en los cañones como los gallos finos cuando están emplumando de modo que no sirven para nada sino cuando sirven para algo, dijo, son peores que los políticos, peores que los curas, imagínese, pero que vengan los demás, sin distinción de color para que la reconstrucción de la patria sea una empresa de todos
¿Eso era una forma de ser ustedes? ¿O forma de ser visto?
Marvin – Recuerdo ese fragmento y me daba escalofríos… los militares en todas partes, incluyendo Cuba y lo que fue la URSS, no digamos Argentina y Guatemala veían así a los escritores. Sino que lo digan Asturias, Sabato, Mayacosky y Heberto Padilla
Adriana – Qué relación tuviste con la literatura durante los años de guerra
Marvin – Una relación de mucha ternura, porque le la veía a pedacitos. Para no enloquecerme el recuerdo de lo leído me servía como fusible para evitar el cortocircuito
Adriana – ¿Podías escribir algo?
Marvin- Sí, escribí mucho…. y rescaté poco. Leí algunas novelas inolvidables que llegaban no sé cómo al frente de guerra: Martin Eden de Jack London, El amor en los tiempos del Cólera, Un Mundo Feliz, Gabriela Clavo y Canela, entre otras. Unas las sorbía
Adriana – ¿cargabas la radio y los libros?
Marvin – Siempre andaba un libro en la mochila, uno solo. Hoy con el Ipad ando una biblioteca entera
Adriana – Eso para quienes dicen que todo tiempo pasado fue mejor, como leí en uno de tus editoriales
Marvin – Cada tiempo tiene lo suyo
Adriana – De qué modo influyó la guerra en tu escritura
Marvin – La guerra es horrible… pero fue mi universidad. Para templar mi carácter, para aprender a no aguevarme, sino a hacerle guevo siempre.
Adriana – Qué cambió, qué sumó y qué restó
Marvin – A celebrar ahora cada minuto de vida y por supuesto a escribir con mayor intensidad. Si no hubiese participado en la guerra, hubiera sido quizá un abogado o un periodista exitoso… un viviente. Después de la guerra soy un sobreviviente feliz como el que más de haber salido vivo
Adriana – ¿Recibís muchas críticas por tus escritos?
Marvin – Sí, muchísimas. Pero igual grandes muestras de cariño. Pero los críticos hacen más bulla
Adriana – Cuando digo críticas me refiero a las dos, de la buena y de la mala.
Marvin- La mala crítica hace mas ruido quise decir
Adriana – Qué sentís cuando te cuestionan de ese modo
Marvin – Después de haber salido vivo de las bombas de quinientas libras que me buscaban la piel… una líneas de insultos no me molestan mucho…
Adriana – Te voy a copiar unos versos, no sé si son exactamente así:
Cuando me muera quiero irme con los ojos abiertos
porque presiento, abuelo, que he de oírte tocando
en la orquesta de los muertos
¿Caminan por los rincones de tu memoria?
Marvin – Sí. Me tocaste una tecla de mucho sentimiento. Un poema que escribí hace más de treinta años, un intento de poema más bien, para Juan Pablo Perla mi abuelo
Adriana – Para qué ocasión lo escribiste
Marvin – Poco después de la muerte de mi abuelo, quien era un talentoso violinista. Además tocaba teclados y dirigía el coro de la iglesia… sobre todo un hombre bueno
Adriana – Escribís poesías actualmente
Marvin – No. Creo que la poesía es un arte mayor le tengo mucho respeto, y si no puedo escribir como Lorca, mejor no escribo… y no puedo. Quizá soy demasiado vanidoso en ese aspecto, no es una virtud, es un defecto
Adriana – Me gustaría leer algún poemario tuyo
Marvin – No sé si llegan a un poemario. En mi recuerdo no llegan ni a 20 los intentos
Adriana – Alguna vez me darás ese gusto?
Marvin – Claro, en la medida que los vaya rescatando de algún lado. Algunos están en libros testimoniales como Marcela y la Guerra y Patria Chiquita Mía. Otros tendré que buscarlos
Adriana- Te animarías a recopilarlos para LetrA- Z?
Marvin – No sé
Adriana – Más allá de tu autocrítica los imagino de buena factura y ricos en vivencias
Marvin – Pues dejé de escribir poemas hace muchos años
Adriana – Me darías al menos la posibilidad de pensar en hacer un rejunte de ellos
Marvin – Sí, claro. Tendré que buscarlos Adriana, será como buscar amigos de la adolescencia después de muchos años sin verlos
Adriana – Cuántos libros nacidos de tus manos cuentas en tu haber
Marvin – Seis libros
Adriana – Conozco Crónicas de guerra. Los otros cuáles son
Marvin – Otros son: Sol y acero, El sueño posible, Cómo y por qué Arena perdió las elecciones, Nunca te rindas y uno no publicado
Adriana – Es algo que estás trabajando
Marvin – Puliendo. Una novela sobre la guerra
Adriana – Cuándo calculas que puede ver la luz
Marvin – Abril. Lo he planificado así. No es sobre la guerra exactamente, es sobre dos secuestros
Adriana – Me anoto para leerla.
Marvin – Te mandaré el primer capítulo ahora mismo
Adriana – No sé si hay modo de leer tus libros desde mi país
Marvin – No lo creo. Encontraré el modo de enviártelos físicamente. Te lo prometo
Adriana – ¡¡Te tomo la palabra!!
- Una última cosa
Marvin – Adelante
Adriana – Qué opinión te merecen foros poético literarios como poetastrabajando
Marvin- Me da nostalgia
Adriana – ¿Por qué?
Marvin – Siempre ato la poesía y los foros poéticos a los años anteriores. Ahora paso metido en reuniones y actividades de otro tipo que me alejan de la poesía
Adriana – Siempre habrá un lugar para vos en poetas, sólo debes querer hacerte un hueco y visitarnos
Marvin – Gracias Adriana. Siempre que pueda por allí rondaré
- He pasado toda la mañana hablando contigo y ha sido un enorme placer
Adriana – ¿Alguna cosa que hubieras querido que te pregunte y no hice?
Marvin – No… Preguntaste lo que te salio del corazón. Está bien
Adriana – ¿Algo que desees agregar?
Marvin – ¿Por qué tienes a Mafalda como foto de perfil?
Adriana – Porque amo ese personaje. Tiene un millón de cualidades que son de mi agrado








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