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Mayo de 2012
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In memoriam

Publicado por admin con fecha mayo - 15 - 2012 COMENTAR

El 15 de mayo ha fallecido uno de los grandes de la literatura hispanoamericana. Con la muerte del escritor Carlos Fuentes, México pierde a uno de sus más grandes escritores.

Aunque sus padres eran mexicanos y de ellos había heredado la nacionalidad, Carlos Fuentes Macías nació en Panamá, el 11 de noviembre de 1928. Como su padre ejercía como diplomático, pasó su infancia en varias ciudades de todo el continente americano.

Se graduó en Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, y en Economía, en el Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra.

Desde muy joven colaboró como periodista en la revista Hoy, y empezó a escribir obras, como “La muerte de Artemio Cruz” y “Aura”, consideradas dos excelentes novelas de la literatura hispanoamericana, de la que fue uno de sus más ilustres representantes.

Durante muchos años estuvo nominado para el Premio Nobel de Literatura pero nunca se lo dieron, a pesar de que ganó otros prestigiosos galardones como el Cervantes y el Príncipe de Asturias.

Muy aficionado al cine, escribió diversos guiones, para títulos como Las dos Elenas, Las dos cautivas, Un alma pura y Tiempo de morir, este último junto con García Márquez y Roberto Gavaldón, director del film. También escribió la adaptación de Pedro Páramo, la novela de Juan Rulfo, para la versión cinematográfica dirigida por Carlos Velo.

También varias de sus obras fueron adaptadas a la pantalla, como La cabeza de la hidra y Gringo viejo.

En memoria de Carlos Fuentes la bandera de poetastrabajando.com Foros Poético Literarios™ permanecerá a media asta por 30 días

 

El sueco Thomas Tranströmmer gana el Premio Nobel de Literatura 2011

Publicado por admin con fecha octubre - 6 - 2011 COMENTAR

El poeta sueco Tomas Tranströmer ha obtenido con el premio Nobel de Literatura 2011. La Academia Sueca le ha otorgado el galardón “a través de sus imágenes condensadas y traslúcidas nos ha dado un acceso fresco a la realidad”.

El poeta sueco sucede al escritor peruano Mario Vargas Llosa, quien ganó el prestigioso galardón el pasado año. Además de poeta, Tranströmer es psicólogo y se dedica a la rehabilitación de delincuentes juveniles.

Tranströmer nació en 1931 y debutó con su libro “17 dikter” (“17 poemas”) y ha sido traducido a cerca de 50 idiomas, entre ellos el español. Ha recibido galardones importantes como el Premio Bonnier para la Poesía, el Premio Neustadt o el Premio Petrarch de Alemania.

Tomas Tranströmer nació el 15 de abril de 1931 en Estocolmo. Sus padres, Helmy y Gösta Tranströmer, eran maestra de escuela y redactor respectivamente. Tras terminar el bachillerato en 1950 en el centro de enseñanza secundaria Södra Latin, comenzó sus estudios en Historia de la Literatura, Psicología e Historia de las Religiones en la Universidad de Estocolmo, materias que formaron parte de su licenciatura en 1956.

Tranströmer sufrió una apoplejía en 1990 que en gran medida lo privó del habla. Después de haber publicado poemas en diferentes revistas, Tranströmer publicó en 1954 el libro «17 dikter», uno de los debuts más destacados de la década. Ya aquí se nota el interés por la naturaleza y la música que caracteriza una gran parte de su producción. Con las siguientes colecciones de poemas «Hemligheter på vägen» (1958), “El cielo a medio hacer” (2010) y «Klanger och spår» (1966) confirmó ante los críticos y el resto de los lectores su posición como uno de los principales poetas de su generación.

El libro «Östersjöar» (1974) recoge fragmentos de una historia familiar de Runmarö, una isla del archipiélago de Estocolmo donde su abuelo materno trabajaba como práctico de costa y donde Tranströmer de niño pasó muchos veranos. Recuerdos de su infancia y juventud en los años 30 y 40 se encuentran también en el libro de memorias «Poemas selectos y Visión de la Memoria» (2009).

La mayor parte de las colecciones poéticas de Tranströmer se caracterizan por la austeridad, la concreción y las metáforas claras y expresivas. En sus últimos poemarios «Góndola fúnebre» (2000) y «Den stora gåtan» (2004) Tranströmer ha avanzado hacia unos formatos cada vez menores y hacia un mayor grado de concentración.

Ya en la década de los 60, Tranströmer fue introducido en Estados Unidos por el autor Robert Bly. Desde entonces el interés por su poesía ha aumentado internacionalmente y ahora está traducido a más de sesenta idiomas. A lo largo de los años Tranströmer ha publicado también sus propias interpretaciones de poesía extranjera. Un volumen recopilatorio de sus traducciones fue publicado en 1999 bajo el título de «Tolkningar».

La muerte de Facundo Cabral

Publicado por admin con fecha julio - 9 - 2011 COMENTAR

El mundo llora la muerte de Facundo Cabral, un trovador que nos llenaba de sentimientos con su música, con un mensaje de Dios, de amor y humanidad. Ciudadano ilustre de Buenos Aires, y declarado por la UNESCO “Mensajero mundial de la paz” también había sido nominado al Premio Nobel de La Paz por su trabajo en favor de los niños de la calle.

El autor de “No soy de aquí ni soy de allá” y de tantos temas, fue también un prolífico escritor, con obras como “Los papeles de Facundo Cabral”, “Este es un nuevo día” y “Ayer soñé que podía y hoy puedo”.

Había nacido el 22 de mayo de 1937 en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires. Cuando era pequeño su padre abandonó a su madre y sus seis hermanos, por lo cual la familia decidió mudarse a Tierra del Fuego, la provincia más al sur de Argentina. Aunque a los ocho años volvió a vivir en el territorio bonaerense. Tuvo una infancia dura y desprotegida, a tal punto que se convirtió en un marginal que debió ser encerrado en un reformatorio. Pero al poco tiempo consiguió escapar de allí, y según contó, tras ese episodio encontró a Dios en las palabras de Simeón, un viejo vagabundo.

En 1959 se trasladó a Mar del Plata, donde pidió trabajo en un hotel. Sin embargo, el dueño lo vio con su guitarra y le dio la oportunidad de cantar. De ese modo inició su carrera.

Su primer nombre artístico fue “El Indio Gasparino”, pero sus primeras grabaciones no tuvieron mucha acogida por lo cual luego se presentó con su verdadero nombre.

El éxito le llegó en 1970 con el tema No soy de aquí, ni soy de allá. A partir de ahí comenzó a ser conocido en el mundo. Influenciado en lo espiritual por Jesús, Gandhi y La Madre Teresa de Calcuta, y en literatura por Jorge Luis Borges y Walt Whitman, le imprimió a su vida un rumbo espiritual de observación constante a todo lo que le ocurría.

Además, no se conformó con lo que veía y su carrera como cantautor tomó el rumbo de la crítica social, aunque sin abandonar su habitual sentido del humor. En 1976, enmarcado como cantautor de protesta, dejó Argentina debido a la situación interna. Se radicó en México, donde continuó componiendo; también se dedicó a llevar su arte por el mundo recorriendo más de 150 países.

En 1984 volvió a Argentina con su nombre consagrado. Ofreció un recital en el famoso estadio Luna Park, y siguió por Mar del Plata. Mientras que en 1987 llenó el estadio de fútbol del club Ferro Carril Oeste, ubicado en la ciudad de Buenos Aires y con capacidad para 35 mil personas.

En 1994 comenzó una gira internacional. Se presentó en conciertos junto a Alberto Cortez en “Lo Cortez no quita lo Cabral”, entrelazando humor y poesía con las canciones que hicieron famosos a ambos.

En el día en que su patria festeja un aniversario más de la Independencia, han apagado la voz del hombre que cantaba agradeciendo cada nuevo día, que invitaba a caminar siempre adelante, pero nadie puede borrar su mensaje de amor, ni siquiera las balas. Su mensaje perdurará junto a su recuerdo

 

Recordando sus canciones

 

 

Se cumplen 25 años de la muerte de Jorge Luis Borges

Publicado por admin con fecha junio - 14 - 2011 COMENTAR

Se cumplen 25 años de la muerte de Jorge Luis Borges

 

 

El 14 de junio de 1986, en Ginebra, Suiza, moría uno de los más importantes representantes de la literatura iberoamericana, creador de magníficos poemas y novelas que han cautivado, por años, a innumerables amantes de la buena literatura:  Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, o simplemente Jorge Luis Borges.

“Ni siquiera me gusta la idea de que me recuerden después de muerto. Espero morir, olvidarme y ser olvidado”, dijo el escritor argentino en una entrevista en 1973. Pero a 25 años de su muerte, su obra sigue tan vigente y actual, que es imposible pensar la literatura universal sin él.

Dueño de una memoria excepcional y aguda inteligencia, el incansable lector, el viajero al que siempre le importaba volver a  Buenos Aires, hoy descansa en un cementerio en Ginebra, donde falleció a los 86 años. “Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca“, dijo también. Al menos, él se encargó de poblar las de la Tierra con numerosos títulos y todavía más volúmenes de estudiosos que siguen su obra.

El autor de “El Aleph” y “Ficciones” es mucho más que un narrador, ensayista y poeta fascinante. Es también un pensador siempre vigente y con múltiples facetas por descubrir. Si bien la poesía fue uno de los fundamentos de la literatura de Borges, el ensayo y la narrativa le dieron mayor reconocimiento. Sus estructuras alteran las formas convencionales del tiempo y del espacio para crear mundos alternativos de gran contenido simbólico, construidos a partir de reflejos, inversiones y paralelismos. Sus relatos toman la forma de acertijos o de potentes metáforas.

Borges, además, escribió guiones de cine y una considerable cantidad de crítica literaria y prólogos. Su ceguera influyó enormemente en su escritura posterior. Borges vivió la mayor parte del siglo XX, por lo que participó del período modernista de la cultura y la literatura. La mayoría de sus historias abundan en la naturaleza del tiempo, el infinito, los espejos, laberintos, la realidad y la identidad, mientras que otras se centran en temas fantásticos.

A punto de quedarse ciego le fue prohibida la lectura y la escritura para evitar el avance de su enfermedad. Esta dolorosa experiencia se trasladará a su poesía. Su famoso “Poema de los dones” recoge el desgarro que le provoca esta nueva realidad:

“Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
¿cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.¨

La BBC Mundo le rindió homenaje, en el 25 aniversario de su muerte con 25 frases  célebres que se le atribuyen al autor 

“Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe”

“Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”

“He cometido el peor pecado que un hombre puede cometer. No he sido feliz”

“Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única”

“Siempre he sentido que hay algo en Buenos Aires que me gusta. Me gusta tanto que no me gusta que le guste a otras personas. Es un amor así, celoso”

“Que cada hombre construya su propia catedral. ¿Para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?”

“Quienes dicen que el arte no debe propagar doctrinas suelen referirse a doctrinas contrarias a las suyas”

“El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto”

“Hay comunistas que sostienen que ser anticomunista es ser fascista. Esto es tan incomprensible como decir que no ser católico es ser mormón”

“La belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica”

“La Universidad debiera insistirnos en lo antiguo y en lo ajeno. Si insiste en lo propio y lo contemporáneo, la Universidad es inútil, porque está ampliando una función que ya cumple la prensa”

“Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón”

“¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad”

“Yo siempre seré el futuro Nobel. Debe ser una tradición escandinava”

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”

“Me gustaría ser valiente. Mi dentista asegura que no lo soy”

“Para el argentino, la amistad es una pasión y la policía una mafia”

“Todas las palabras fueron alguna vez un neologismo”

“La felicidad no necesita ser transmutada en belleza, pero la desventura sí”

“Yo creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganara”

“Si de algo soy rico es de perplejidades y no de certezas”

“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”

“Todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas “

“Sólo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece”

“Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos”

Leonard Cohen – Premio Príncipe de Asturias de las Letras

Publicado por admin con fecha junio - 1 - 2011 COMENTAR

Leonard Cohen, Príncipe de Asturias de las Letras

 

 

La poesía cantada, esas novelas de seis minutos y pico, la prosa mecida por inconfundibles melodías folk le han valido al músico Leonard Cohen (Montreal, 1934) el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Por sus canciones de marcado carácter literario, sí, pero también por su obra no cantada, libros como Flores para Hitler, Los hermosos vencidos, Comparemos mitologías, o la novela El juego favorito.

Con esta decisión, el jurado de los galardones hace realidad una vieja amenaza de la Academia Sueca: conceder su máxima distinción literaria a un simple cantante de rock. A lo mejor el Nobel nunca acaba por recaer en Bob Dylan, pero sí ha merecido un Príncipe de Asturias el cantautor canadiense cuyas letras (Suzanne, Last year’s man, So long Marianne, Joan of Arc. Famous Blue Raincoat o I’m your man) son leídas con la reverencia debida a las grandes obras de la literatura por generaciones de oyentes.

El jurado ha destacado el “imaginario sentimental” creado por Leonard Cohen, en el que “la poesía y la música se funden en un valor inalterable”.

Posiblemente ahora cobre todo su sentido el hecho de que la carrera de Cohen, fenomenal recitador de voz grave y ascendencia lituana, comenzase en los cenáculos literarios en aquellos años 60 en los que la generación que revisó las tradiciones del folk introdujo la sensibilidad poética de autores estadounidenses como Walt Whitman o Henry David Thoreau. Su novela de debú, El juego favorito, tomó la forma de un libro de aprendizaje.

Después vendría el fichaje por Columbia Records, auspiciado por John Hammond. Y su estreno discográfico, Songs of Leonard Cohen, acaso uno de los mejores álbumes de la historia del rock. Se abría con Suzanne, una letra dedicada platónicamente a una bailarina canadiense que ya daba idea de unas inquietudes poéticas, algo nada común en la industria de la música: “Y cuando tratas de decirle / que careces de amor para ofrecer / te coge y te mece entre sus brazos / dejando que el río conteste / que siempre fuiste su amante”.

La pulsión estilística de Cohen nunca desapareció desde entonces, en discos como Songs from a Room (1969), Songs of Love and Hate (1971), Death of a Ladies’ Man (1977, con producción de Phil Spector), I’m Your Man (1988) o su último álbum de estudio, Dear Heather(2004).

Cohen visitó España por última vez en 2010 en una gira enmarcada en un tour monumental, espoleado por la pertinaz ruina en la que se quedó tras el último divorcio. El tour le llevó por todo el mundo desde 2009 (en realidad, eran dos giras enlazadas). Una prueba de lo que se pudo ver en aquellos conciertos está contenida en Live in London (2009). Cohen firmó un brillante capítulo en su relación con España cuando colaboró con sus composiciones para un disco de Enrique Morente, Omega (1996). El Festival Internacional de Benicàssim fue testigo del reencuentro entre ambas leyendas de la música.

El galardón, que el año pasado recayó en el escritor libanés Amin Maalouf, reconoce a las personas cuya labor creadora o de investigación representen una contribución relevante a la cultura universal en los campos de la literatura o de la lingüística.

De los ocho galardones que convoca la Fundación Príncipe de Asturias, el de las Letras ha sido el quinto en fallarse en la presente edición. La entrega de los premios será en otoño en el teatro ovetense Campoamor, presidida por don Felipe de Borbón. Cada premio está dotado con 50.000 euros y una escultura creada expresamente por Joan Miró.

Fuente: EL PAÍS.COM – Cultura

LetrA  – Z ha presentado algo de su música en ediciones anteriores de la revista. Algunos de esos temas se encuentran en estos videos subidos a continuación

 

 

 

 

Murió Ernesto Sábato

Publicado por admin con fecha abril - 30 - 2011 COMENTAR

“El hombre que pide a los dioses la muerte es un loco: no hay en la muerte nada tan bueno como la miseria de la vida.”  Ernesto Sábato

 

El escritor Ernesto Sábato murió esta madrugada a los 99 años en su casa de Santos Lugares, Buenos Aires.

Sábato iba a ser homenajeado mañana en la Feria del Libro por el Instituto Cultural de Buenos Aires, en vísperas de su cumpleaños número 100, el próximo 24 de junio. 

Sábato nació en la localidad bonaerense de Rojas, en 1911. Realizó un doctorado en Física y cursos de Filosofía en la Universidad de La Plata. Trabajó luego en el Laboratorio Curie, en París, aunque en 1945 abandonó definitivamente la ciencia para dedicarse a la literatura. Escribió tres novelas: El túnel, Sobre héroes y tumbas, y Abbadón el exterminador, y varios ensayos. 

Sus restos son despedidos como él lo deseó, en el club Defensores de Santos Lugares. Él dijo una vez que “cuando me muera quiero que me velen acá para que la gente del barrio pueda acompañarme en este viaje final y quiero que me recuerden como un vecino, a veces cascarrabias pero en el fondo un buen tipo”.

Su estado de salud era muy delicado desde hace años. En 2005, se recluyó en su casa, de la que casi no salía. Recibió varios premios, entre ellos el Cervantes, por “El túnel”.

“Nunca me he considerado un escritor profesional, de los que publican una novela al año. Por el contrario, a menudo, en la tarde quemaba lo que había escrito a la mañana“, declaró una y otra vez para referirse a esa obra que marcó las generaciones del 60 y 70 y se desdibujó cuando sus ojos comenzaron a fallar, para ser reemplazada por la pintura.

Descendiente de padre italiano y madre albanesa, Sábato nació el 24 de junio de 1911 en la ciudad bonaerense de Rojas, donde realizó sus estudios primarios y luego se trasladó a La Plata para completar su formación secundaria, que sería la antesala de su Doctorado en Física que obtuvo en 1938, en la Universidad Nacional de la capital provincial.

Durante la década del ’30 tuvo una trayectoria ligada a la ciencia y la investigación. Empezó su vida profesional como físico, en Zurich (Suiza), y continuó su investigación en París y Estados Unidos, pero muy rápidamente comenzó su actividad literaria y su amistad con el Grupo Sur, donde conoció a Victoria Ocampo y a Jorge Luis Borges, con quien mantuvo siempre una relación conflictiva pero que dio origen, en 1976, a un hermoso libro titulado Diálogos con Jorge Luis Borges.

En 1948, publicó una de sus obras más importante “El túnel”, traducida a diez idiomas, que se convirtió en una de sus trabajos más significativos que luego sería llevada al cine, y en 1961 terminó “Sobre héroes y tumbas”, que narra una historia del siglo XIX centrada en la crónica de la muerte del General Lavalle.

Asimismo, realizó varios ensayos con contenido político como “El otro rostro del peronismo”, “El escritor y sus fantasmas”, “Hombres y engranajes”, y ya en el año 2000 “La resistencia”, el primer libro argentino publicado íntegramente en formato digital.

Durante su larga trayectoria, por solicitud del entonces presidente Raúl Alfonsín, presidió entre 1983 y 1984 la Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), cuya investigación fue plasmada en el libro Nunca Más

El máximo reconocimiento a su obra fue el premio Cervantes en 1984, convirtiéndose en el segundo argentino en obtener el galardón a la literatura en castellano después de Jorge Luis Borges, y si bien fue propuesto para el Premio Nobel en 2007, no alcanzó el reconocimiento. Sábato tuvo dos hijos, Jorge Federico, que murió en 1995 en un accidente automovilístico y Mario, un director de cine que acompañó a su padre hasta los últimos momento en la casa de Santos Lugares, localidad en la que residía desde 1945.

Al finalizar los años 90, apareció su libro de memorias “Antes del fin“; al filo del siglo XXI publicó “La resistencia“ y en junio de 2004, “España en los diarios de mi vejez“. Para ese entonces ya habían muerto su mujer Matilde y uno de sus dos hijos.

El homenaje que le ofreció el Premio Nobel de Literatura, el portugués José Saramago durante el III Congreso de la Lengua Española realizado en 2004 en Rosario (Santa Fe) mostró -una vez más- el enorme cariño de la gente común por el escritor. Hasta se dio el lujo en esos días de cumplir uno de sus sueños y se fotografió junto a todo el equipo de Rosario Central.

Para entonces sus apariciones públicas eran cada vez más esporádicas; refugiado en Santos Lugares, su casa se convirtió en un lugar de peregrinación constante, sobre todo el día de su cumpleaños.

Allí, en su biblioteca, con los libros apilados en orden, entre sus cuadros y el sonido del viento colándose por la vieja arboleda, Sábato recibía a familiares, vecinos y amigos e invitaba a pasar a los jóvenes que, como parte de un ritual, tímidamente lo miraban por la ventana.

Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura

Publicado por admin con fecha octubre - 7 - 2010 COMENTAR

 

   

Distinguen a Mario Vargas Llosa con el Premio Nobel de Literatura

El escritor peruano Mario Vargas Llosa fue galardonado con el Premio Nobal de Literatura 2010. La Academia Sueca justificó la distinción al autor de 74 años “por su cartografía de las estructuras de poder y sus imágenes mordaces de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”.

Vargas Llosa declaró estar “muy conmovido y emocionado” tras conocer la noticia. El presidente del jurado de la Academia Sueca, Peter Englund, leyó tras anunciar el premio las palabras del autor, que se encuentra actualmente en Nueva York, donde da clases en la Universidad de Princeton. “Se levantó a las 5 para preparar una clase. Cuando lo llamamos, a las 6.45, ya estaba trabajando concienzudamente”, añadió Englund.

Nacido en la sureña ciudad peruana de Arequipa el 28 de marzo de 1936 en una familia de clase media, fue educado por su madre y sus abuelos maternos en Cochabamba (Bolivia) y luego en Perú. Tras sus estudios en la Academia Militar de Lima obtuvo una licenciatura en Letras y dio muy joven sus primeros pasos en el periodismo.

Se instaló poco después en París, donde se casó con su tía Julia Urquidi, 15 años mayor que él (que inspiraría más tarde La Tía Julia y el Escribidor ) y ejerció varias profesiones: traductor, profesor de español y periodista. Años después rompió con Urquidi y se casó con su prima hermana Patricia Llosa, con quien tiene tres hijos.

Su obra literaria. Su larga carrera literaria despuntó en 1959 cuando publicó su primer libro de relatos, Los jefes, con el que obtuvo el Premio Leopoldo Alas. Pero cobró notoriedad con la publicación de la novela La ciudad y los perros, en 1963, seguida tres años después por La casa verde. Su prestigio se consolidó con su novela Conversación en la Catedral (1969).

Siguieron después Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, La guerra del fin del mundo, Historia de Mayta, ¿Quién mató a Palomino Molero?, Lituma en los Andes y El pez en el agua, entre otras.

Entre sus libros más recientes figuran las novelas La fiesta del Chivo, en 2000, El paraíso en la otra esquina, en 2003, y Travesuras de la Niña Mala en 2006, su última novela publicada. Ha incursionado también en el teatro, donde hace dos años estrenó en Madrid Al pie del Támesis.

Con su obra traducida a 30 lenguas, Vargas Llosa ha sido galardonado con los premios Cervantes, Príncipe de Asturias de las Letras, Biblioteca Breve, el de la Crítica Española, el Premio Nacional de Novela del Perú y el Rómulo Gallegos, lista a la cual sumó hoy el Premio Nobel de Literatura.

Adicto a las palabras

Publicado por admin con fecha octubre - 7 - 2010 COMENTAR

Adicto a las palabras

Por Marvin Galeas

 Diario de Hoy – El Salvador –

Miércoles 6 de Octubre

Hay palabras que, por su sonoridad y sus connotaciones, me desatan solubles fantasías y sensaciones de azúcar: ámbar, melancolía, prístino, saudade y desnudez. Por ejemplo, Pablo Neruda las veía brillar como piedras de colores y saltar como peces platinados.

Cuando las palabras en frases copulan libertinas para producir poesía o el párrafo genial del cuento y la novela, trascienden la reflexión y se traducen en experiencias de la epidermis, el músculo, la neurona y el corazón.

En García Lorca por ejemplo: “Cuando llega la noche, noche que noche nochera, los gitanos en sus fraguas, forjaban soles y flechas. Un caballo malherido llamaba a todas las puertas. Gallos de vidrio cantaban por Jerez de la Frontera”.

O en Manuel del Cabral, en su famoso poema “La mano de Onan se queja”. La mano dice: “Yo soy la amante de los que no amaron. Yo soy la esposa de los miserables. Soy el minuto antes del suicida. Sola de amor, mas nunca solitaria, limitada de piel, saco raíces…”. Rainer María Rilke haciendo de la palabra la flor misma dice: “Una sola rosa es todas las rosas y es ésta; el irremplazable, el perfecto, el dócil vocablo que encuadra el texto de las cosas”.

Confieso, sin embargo, que no sólo la escritura de los grandes poetas y narradores me seducen, hasta ponerme a veces la carne de gallina. ¿Se ha detenido usted, en algún supermercado, a leer las viñetas de las botellas de vino? Son un monumento a la síntesis y una fiesta de elegantes vocablos, que hacen que uno sienta el olor del odre y el viñedo y hasta el sabor del elixir tinto que aún no ha sido descorchado: “Vino de color rubí de capa alta. Su aroma de frutos rojos y negros en nariz dan paso a los torrefactos y a las especias. Potente en boca, muy expresivo, rotundo, con carácter y de final amplio y feliz”.

Otra viñeta promete entregar un vino “rojo picota con ribetes purpurados, aromas de sotobosques, gran cuerpo y bouquet en fondos de cerezo intenso, tonos ahumados y taninos nobles bien conjuntados, que dejan suave paso de boca y regaliz para un final potente y prolongado”. ¡Carambolas! ¿Se está hablando sólo de vino?

¿Y las palabras, las frases y los versos de la música popular? Esa otra dimensión placentera de los sintagmas. Ya escribí una vez sobre el bolero, género que merece más que un artículo, un profundo tratado en especial. No sólo de don Manuelito Góngora y de Cervantes viene el prestigio de las palabras.

Compositores que no pretendieron ahondar en sus escritos en los grandes temas universales que preocupan eternamente al hombre, sino, simplemente, expresar un despecho de amor o describirnos su entorno natural en clave telúrica, encuentran las palabras para volvernos a estremecer.

Allí está José Alfredo Jiménez, compositor mexicano que no completó la primaria. Y, sin embargo, dominaba de manera extraordinaria las octavas y endecasílabos; símiles y metáforas. “Y si quieren saber de mi pasado. Es preciso decir otra mentira. Les diré que llegué de un mundo raro. Que no sé del dolor, que triunfé en el amor. Y que nunca he llorado”. Simple y sonoro, y ya con violines, trompeta y tequila: genial.

Pero no sólo está en el verso la virtud, sino en la cátedra, expuesta en pocas palabras, de la personalidad del macho latinoamericano, siempre a medio camino entre posiciones y sensaciones extremas y encontradas: arranca José Alfredo de una situación tremendista: “Yo sentí que mi vida se perdía en un abismo profundo y negro como mi suerte…”. Ante tal situación propone la salida del macho: “Quise hallar el olvido al estilo Jalisco”, pero nos confiesa un desenlace menos heroico y de culebrón: “Pero aquellos mariachis y aquel tequila me hicieron llorar”.

Más al sur, la música típica colombiana entrega su cuota inagotable de belleza. En La Piragua, por ejemplo: “Capoteando el vendaval se estremecía, e impasible desafiaba la tormenta y un ejército de estrellas la seguía, tachonándola de luz y de leyenda”.

Hay otra, de Jairo Varela: simple, sencilla, obvia, pero en medio de la salsa ha más de alguno ha hecho llorar: “Como el río cuando va buscando el mar y lo espera allá en el fondo su lugar, sé que arriba en el cielo brillarán, nubes blancas que más tarde llorarán”. Es el milagro de las palabras, desde la pluma de Neruda hasta el acordeón de Alfredo Gutiérrez.

Sobre fútbol y creación literaria

Publicado por admin con fecha julio - 5 - 2010 COMENTAR

  

Sobre fútbol y creación literaria

Russo Dylan –Galeas

Poetastrabajando.com

 

Hoy que  escribo estas líneas se juega en Sudáfrica el mundial de fútbol, 

exactamente a 8 días de que se juegue la final, evento que atrae millones  y

millones de espectadores, despierta emociones, sueños, alegrías y lágrimas;

naciones enteras pendientes del grupo de futbolistas que las representa.

Ciudadanos de un país  unidos por un solo sueño, olvidando divisiones políticas,

religiosas o económicas, todos en un sólo canasto sin importar los últimos

acontecimientos naturales o sociales.

No importan los últimos crímenes, el terremoto, o el huracán o la pobreza

extrema, hasta el medio ambiente queda relegado a no sé qué dormitorios de la

realidad, lo que importa es el fútbol y el sueño de ganar la copa.

El anhelo de ganar la copa mundial es inmenso, el dolor de las derrotas,

monumental;  ganarla es sólo para una selección, un país; detrás de todas estas

alegrías y tristezas hay un mundo que no vemos, pero que está ahí detrás de las

cortinas, ahí donde los ojos no llegan y la imaginación es detenida por  los juegos,

más allá de los partidos, de los comerciales de la televisión , de los millones que  se

pagan por el derecho a la publicidad exclusiva  y más allá de las publicidades por

emboscadas, de los goles , de los quites de los porteros, de los comentaristas de

radio y televisión, de los escritos en los periódicos. De las olas de los aficionados

en el estadio, de los errores fatales de los árbitros, del miedo a  que el juego pueda

estar arreglado para apostadores y favores a países que merecen un poco de

alegría, mas allá de lo que los ojos nos entregan al cerebro y al corazón, ese mundo

lo ve un poeta, un escritor, un creador, un hombre que tiene esos ojos de ir a otro

lado de esas nubes de lo que creemos real, digo esto porque , a lo que quiero llegar,

es que a mis tempranos años se me dio la oportunidad  de leer un cuento de fútbol,

quizá  el mejor cuento de fútbol escrito, porque captura a manera directa, sin

intelectualidades o artimañas literarias,  una realidad humana. Me entregó esas

vivencias  que me refiero al inicio, eso que está tras las cortinas de lo mencionado,

me refiero al cuento que quiero compartir con ustedes, escrito por un gran

hombre que ya se marchó a su muerte, pero que quedó en muchos de nosotros con

su alegría cruda y directa, un creador que nos contó ese cuento sin aspirar al

premio Nóbel.

Ese cuentista que nos dejó su cuento y su dibujo a lo desnudo y lo vivido es el 

Argentino Roberto Fontanarrosa. Este es el cuento, espero lo disfruten y les dé las

emociones que a mí me dio.

 

19 de diciembre de 1971 –  de Roberto Fontanarrosa

 

Sí yo sé que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que

hicimos con el viejo Casale, yo sé. Nunca falta gente así. Pero ahora es fácil decirlo,

ahora es fácil. Pero habla que estar esos días en Rosario para entender el fato, mi

viejo, que hablar al pedo ahora habla cualquiera.

Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario en esos días anteriores al partido. ¡Y

qué te digo “esos días”! ¡Desde semanas antes ya se venía hablando, del partido y la

ciudad era una caldera, porque eso era lo que era la ciudad! Claro, los que ahora

hablan son esos turros que después vos los veías por la calle gritando y saltando

como unos desgraciados, festejando en pedo a los gritos y después ahora te salen

con que son… ¿qué son?… moralistas… ¿De qué se la tiran, hijos de mil putas?

Ahora son todos piolas, es muy fácil hablar. Pero si vos vieras lo que era la ciudad

en esos días, hennano, prendías un fósforo y volaba todo a la mierda. No se

hablaba de otra cosa en los boliches, en la calle, en cualquier parte. Saltaban

chispas, te aseguro. Y la cosa arrancó con el fato de las cábalas. O mejor dicho, de

los maleficios.

—Hay que entender que no era un partido cualquiera, hermano, era una final final.

Porque si bien era una semifinal, el que ganaba después venía a jugar a Rosario y le

rompía el culo a cualquiera. Fuera Central como Ñul, acá le hacía la fiesta a

cualquiera. ¡Y cómo estaban los lepra! ¡Eso, eso tendrían que acordarse ahora los

que hablan al reverendo pedo y nos vienen a romper las pelotas con el asunto del

viejo Casale! ¿No se acuerdan esos turros cómo estaban los lepra? ¿No se acuerdan

ahora, mi viejo? Había que aguantarlos porque se corrían una fija, pero una fija se

corrían, hermano, que hasta creo que se pensaban que nos iban a llenar la canasta.

No que sólo nos iban a hacer la colita sino que además nos iban a meter cinco, en el

Monumental y para latelevisión. ¡Pero por qué no se van a la concha de su madre!

¡Qué mierda nos van a hacer cinco esos culosroto! ¡Así se la comieron doblada!

¡Qué pija que tienen desde ese día y no se la pueden sacar!

Pero la verdad, la verdad, hermano, con una mano en el corazón, que tenían un

equipazo, pero un equipazo, de padre y señor mío.

Hay que reconocerlo. Porque jugaban que daba gusto, el buen toque y te

abrochaban bien abrochado. Estaba Zanabria, el Marito Zanabria; el Mono Obberti

¡Dios querido, el Mono Obberti, qué jugador! Silva el que era de Lanús, el albañil.

¡Montes! Montes de cinco; Santamaría el Cucurucho Santamaría, qué sé yo, era un

equipazo, un equipazo hay que reconocer, y la lepra se corría una fija. ¿Sabés

cuántos había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles,

millones, yo no sé de dónde habían salido tantos leprosos. Si son cuatro locos y de

golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados. Todos

fueron. ¡Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, oíme, había que recurrir a

cualquier cosa. Hay partidos que no podés perder, tenés que ganar o ganar. No hay

tutía. Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que había que

hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que

no se pueden perder. ¿Y qué? ¿Te vas a dejar basurear por estos soretes para que te

refrieguen después la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ahí,

hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo

¿viste? tu vieja, por ejemplo, que por ahí sos capaz hasta de ir a la iglesia ¿viste? Y

te digo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me

ocurrió, mirá vos, que si no… te aseguro que me confesaba y todo si servía para

algo. Pero con los muchachos enganchamos con la cuestión de las brujerías, de la

ruda macho, de enterrar un sapo detrás del arco de Fenoy, de tirar sal en la puerta

de los jugadores de Ñubel y de todas esas cosas que siempre se habla. Por supuesto

que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y había muñecos

con camiseta de Ñubel clavados con alfileres, maldiciones pedidas por teléfono y

hasta mi vieja que no manya mucho del asunto tenía un pañuelo atado desde hacía

como diez días, de ésos de “Pilato, Pilato, si no gana Central en River no te desato”.

Después la vieja decía que habíamos ganado por ella, pobre vieja, si hubiera sabido

lo del viejo Casale, pero yo le decía que sí para no desilusionarla a la vieja.

Pero todo el fato de la ruda macho y el sapo de atrás del arco eran, qué sé yo, cosas

muy generales, ya había tipos que lo estaban haciendo y además, el partido era en

el Monumental y no te vas a meter en la pista olímpica a enterrar un sapo porque

vas en cana con treinta cadenas y no te saca ni Dios después, hermano. Entonces,

me acuerdo que empezamos con la cosa de las cábalas personales. Porque me

acuerdo que estábamos en el boliche de Pedro y veníamos hablando de eso.

Entonces, por ejemplo, resolvimos que a Buenos Aires íbamos a ir en el auto del

Dani porque era el auto con el que habíamos ido una vez a La Plata en un partido

contra Estudiantes y que habíamos ganado dos a cero. Yo iba a llevar, por

supuesto, el gorrito que venía llevando a la cancha todos los últimos partidos y no

me había fallado nunca el gorrito. A ése lo iba a llevar, era un gorrito milagroso

ése.El Coqui iba a ir con el reloj cambiando de lugar, o sea en la muñeca derecha y

no en la izquierda, porque en un partido contra no sé quién se lo había cambiado

en el medio tiempo porque íbamos perdiendo y con eso empatamos.o sea, todo el

mundo repasó todas las cábalas posibles como para ir bien de bien y no dejar

ningún detalle suelto. te digo más, estuvimos parados en la tribuna en el partido

contra Atlanta para pararnos de la misma manera en el partido contra la lepra el

boludo de michi decía que él había estado detrás del Valija y el Miguelito porfiaba

que el que había estado detrás del Valija era él. Mirá vos, hasta eso estudiamos

antes del partido, para que veas cómo venía la mano en esos días. ¿Y sabés qué te

lleva a eso, hermano, sabés qué te lleva a eso? El cagazo, hermano, el cagazo, el

cagazo te lleva a hacer cualquier cosa, como lo que hicimos con el viejo Casale.

Porque si llegábamos a perder, mamita querida, nos teníamos que ir de la ciudad,

mi viejo, nos teníamos que refugiar en el extranjero, te juro, no podíamos volver

nunca más acá. Íbamos a parecer esos refugiados camboyanos que se tomaron el

piro en una balsa. Te juro que si perdíamos nosotros agarrábamos el “Ciudad de

Rosario” y por acá, por el Paraná, nos teníamos que ir todos, millones de canallas,

no sé, a Diamante, a Perú, a Cuzco, a la concha de su madre, pero acá no se iba a

poder vivir nunca más con la cargada de los leprosos putos, mí viejo. Ya el

Miguelito había dicho bien claro que él se la daba, que si perdíamos agarraba un

bufo y se volaba la sabiola y te digo que el Miguelito es capaz de eso y mucho más

porque es loco el Miguelito, así que había que creerle. O hacerse puto, no sé quién

había comentado la posibilidad de hacerse trolo y a otra cosa mariposa, darle a las

plumas y salir vestido de loca por Pellegrini y no volver nunca más a la casa. Pero,

te digo, nadie quería ni siquiera sentir hablar de esa Posibilidad. Ni se nombraba la

palabra “derrota”.

Era como cuando se habla del cáncer, hermano. Vos ves que por ahí te dicen “la

papa”, o “tiene otra cosa”, “algo malo”, pero el cangrejo, mi viejo, no te lo nombra

nadie. Y ahí fue cuando sale a relucir lo del viejo Casale. El viejo Casale era el viejo

del Cabezón Casale, un pibe que siempre venía al boliche y que durante años vino a

la cancha con nosotros pero que ya para ese entonces se había ido a vivir al norte,

a Salta creo, lo vi hace poco por acá, que estaba de paso. Y ahí fue que nos

acordamos de que un día, en la casa del Cabezón, el viejo había dicho que él nunca,

pero nunca, lo había visto perder a Central contra Ñul. Me acuerdo que nos había

impresionado porque ese tipo era un privilegiado del destino. Aunque al principio

vos te preguntas, “¿Cómo carajo hizo este tipo pata no verlo perder nunca a

Central contra Ñul? ¿Qué mierda hizo? Este coso no va nunca a la cancha”. Porque,

oíme alguna vez lo tuviste que ver perder, a menos que no vayás a. los clásicos. Y

ojo que yo conozco muchos así, que se borran bien borrados de los clásicos. O que

van en Arroyito, pero que a la cancha del Parque no van en la puta vida. Y me

acuerdo que le preguntarlos eso al viejo y el viejo nos dijo que no, y nos explicó. El

iba siempre, un fana de Central que ni te cuento, pero se había dado, qué sé yo, una

serie de casualidades que hicieron que en un montón de partidos con Ñul él no

pudiera ir por un montón de causas que ni me acuerdo. Que estaba de viaje por

Misiones —el viejo era comisionista—; que ese día se había torcido un tobillo y no

podía caminar, que estaba engripado, que le dolía un huevo, qué sé yo, en fin, la

verdad, hermano— que el viejo la posta posta era que nunca le había tocado ver un

partido en que la lepra nos hubiera roto el orto. Era un privilegiado el viejo y

además, un talismán, querido, porque así como hay tipos mufa que te hacen perder

partidos adonde vayan, hay otros que si vos los llevás es número puesto que tu

equipo gana. No es joda. Y el viejo Casale era uno de éstos, de los ojetudos.

Entonces ahí nos dijimos “Este viejo tiene que estar en el Monumental contra

Ñubel. No puede ser de otra forma. Tiene que estar”… Claro, dijimos, seguro que

va a estar, si es fana de Central, canalla a muerte. Pero nos agarró como la duda

viste? porque nosotros no era que lo veíamos todos los días al viejo, te digo más,

desde que el Cabezón se había ido al norte a laburar, al viejo de él no lo habíamos

vuelto a ver ni en la cancha, ni en la calle ni en ninguna parte. Además, el viejo ya

estaba bastante veterano porque debía tener como ochenta pirulos por ese

entonces. Bah, en realidad ochenta no, pero sus sesenta, sesenta y cinco años los

tenía por debajo de las patas.

Entonces, con el Valija, el Colorado y el Miguelito decimos “vamos a la casa del

viejo a asegurarnos que va y si no va lo llevamos atado”. Porque también podía ser

que el viejo no fuera porque no tuviera guita, qué sé yo. Nosotros ya habíamos

pensado en hacer una rifa a beneficio, una kermesse, cualquier cosa. El viejo tenía

que ir, era una bandera, un cheque al portador.

La cuestión es que vamos a la casa y… ¿a qué no sabés con lo que nos sale el viejo?

Que andaba mal del bobo y que el médico le había prohibido terminantemente ir a

la cancha, mirá vos. Nos sale con eso. Que no. Que había tenido un infarto en no sé

qué partido, en un partido de mierda después que una pelota pegó en un palo, que

había estado muerto como media hora y lo habían salvado entre los indios con

respiración artificial y masajes en el cuore, que no había clavado la guampa de

puro pedo y que le había quedado tal cagazo que no había vuelto a ir a la cancha

desde hacía ya, mirá lo que te digo, dos años.

¡Hacía dos años que no iba a la cancha el viejo ese! Y no era sólo que él no quería ir

sino que el médico y, por supuesto, la familia, le tenían terminantemente

prohibido ir, lógicamente. No sé si no le prohibían incluso escuchar los partidos

por radio, no sé si no se lo prohibían, para que no le pateara el bobo, porque

parece que el viejo escuchaba un pedo demasiado fuerte y se moría, tan jodido

andaba. Vos le hacías ¡Uh! en la cara y el viejo partía. ¡Para qué! Te imaginás

nosotros, la desesperación, porque eso era como un presagio, un anuncio del

infierno, hermano, era un preanuncio de que nos iban a hacer cagar en Buenos

Aires, mi viejo. Entonces empezamos a tratar de hacerle la croqueta al viejo, a

convencerlo, a decirle “Pero mire, don Casale, usted tiene que estar, es una cita de

honor. ¡Qué va a estar mal usted del cuore, si se lo ve cero kilómetro! Vamos, don

Casale —me acuerdo que lo jodía Miguelito— ¿cuántos polvos se echa por día?

usted está hecho un toro”. Pero el viejo, ni mierda, en la suya. Que no y que no.

Le decíamos que el partido iba a ser una joda, que Ñubel tenía un equipo de mierda

y que ya a los quince minutos íbamos a estar tres a cero arriba, que el partido era

una mera formalidad, que el gobierno ya había decidido que tenía que ganar

Central para hacer feliz a mayor cantidad de gente. No sé, no sé la cantidad de

boludeces que le dijimos al viejo para convencerlo. Pero el viejo nada, una piedra

el hijo de puta. Para colmo ya habían empezado a rondar la mujer del viejo, madre

del Cabezón, y una hermana del Cabezón, que querían saber qué carajo queríamos

decirle nosotros al vicio en esa reunión, porque medio que ya se sospechaban que

nosotros no íbamos para nada bueno. En resumen que el viejo nos dijo que no, que

ni loco, que ni siquiera sabía si iba apoder resistir la tensión de saber que se jugaba

el partido, aun sin escucharlo. Porque el viejo los diarios los leía, tan boludo no

era, y sabía cómo venía la mano, cómo era la cosa, cómo formaban los equipos,

suplentes, historial, antecedentes, chaquetillas, color, todo. Nos dijo más. “Ese día

—nos dijo— bien temprano, antes de que empiecen a pasar los camiones y los

ómnibus con la gente yendo para Buenos Aires, yo me voy a la quinta de un

hermano mío que vive en Villa Diego”. No quería escuchar ni los bocinazos el

viejo. “Me voy tempranito a lo de mi hermano, que a mi hermano le importa un

sorete el fútbol, y me paso el día ahí, sin escuchar radio ni nada”. Porque el viejo

decía y tenla razón, que si se quedaba en la casa, por más que se encerrara en un

ropero, algo iba a oír, algún grito, algún gol, alguna cosa iba a oír, pobre

desgraciado, y se iba a quedar ahí mismo seco en el lugar. Así que se iba a ir a

radicar en la quinta de ese hermano que tenía, para borrarse del asunto.

Muy bien, muy bien. Te digo que salimos de allí hechos bosta porque veíamos que

la cosa venía muy mal. Casi era ya un dato seguro como para decir que éramos

boleta. Para colmo, al Valija, el día anterior le había caído una tía del campo y él se

acordaba que, en un partido que perdimos con San Lorenzo, esa misma tía le había

venido el día antes. Era un presagio funesto el de la tía.

Fue cuando decidimos lo del secuestro. Nos fuimos al boliche y esa noche lo

charlamos muy seriamente. El Dani decía que no, que era una barbaridad, que el

viejo se nos iba a morir en el viaje, o en la cancha, y después se iba a armar un

quilombo que íbamos a terminar todos en cana y que, además, eso sería casi un

asesinato. Pero al Dani mucha bola no le dimos porque ha sido siempre un

exagerado y más que un exagerado, medio cagón el Dani. Pero nosotros estábamos

bien decididos y más que nada por una cosa que dijo el Valija: el viejo estaba diez

puntos. Había tenido un infarto, es cierto. Pero hay miles de tipos que han tenido

un infarto y vos los ves caminando tranquilamente por la yeca y sin hacer tanto

quilombo como este viejo pelotudo, con eso de meterse adentro de un ropero, o

no ir a la cancha, o dejar que te rigoree la familia como la esposa y la otra, la

hermana del Cabezón. Por otra parte, y vos lo sabés, los médicos son unos turros

pero unos turros que se ve que lo querían hacer durar al viejo mil años para

sacarle guita, hacerle experimentos y chuparle la sangre. Y además, como decía el

Miguelito y eso era cierto, vos lo veías al viejo y estaba fenómeno. Con casi sesenta

afios no te digo que parecía un pendejo pero andaba lo más bien. Caminaba,

hablaba, se sentaba, qué sé yo, se movía. ¡Chupaba! Porque a nosotros nos convidó

con Cinzano y el viejo se mandó su medidita, no te digo un vasazo pero su medidita

se mandó. La cosa es que el Miguelito elaboró una teoría que te digo, aún hoy, no

me parece descabellada. ¡El viejo era un curro, hermano! Un turrazo que

especulaba con el fato del bobo para pasarla bien y no laburarla nunca más en la

vida de Dios. Con el sover del bobo no ponía el lomo, lo atendían a cuerpo de rey y

—la tenía a la vieja y a la hermana del Cabezón pendientes de él —viviendo como un

bacan, el viejo. Y… ¿de qué se privaba? De algún faso; que no sé si no fasearía

escondido; y de no ir a—la cancha. Fijate vos, eso era todo. Y vivía como Carolina

de Mónaco el otario. Bueno, con ese argumento y lo que dijo el Colorado se

resolvió todo.

El Colorado nos habló de los grandes ideales, de nuestra misión frente a la

sociedad, de nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos

dijo que si ese partido se perdía, miles y miles de pendejos iban a sufrir las

consecuencias. Que, para nosotros y eso era verdad, iba a ser muy duro, pero que

nosotros ya estábamos jugados, que habíamos tenido lo nuestro y que, de últimas,

teníamos experiencias en malos ratos y fulerías. Pero los pibes, los pendejitos de

Central, ésos, iban a tener de por vida una marca en sus vidas que los iba a marcar

para siempre, como un fierro caliente. Que las cargadas que iban a recibir esos

pibes, esas criaturas, en la escuela, los iban a destrozar, les iban a pudrir el bocho

para siempre, iban a ser una o dos generaciones de tipos hechos bolsa, disminuidos

ante los leprosos, temerosos de salir a la calle o mostrarse en público. Y eso es

verdad, hermano, porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela

primaria, sobre todo.

Yo me acuerdo cuándo perdimos cinco a tres con la lepra en el Parque después de

ir ganando dos a cero, cuando se vendió el Colorado Bertoldi, que todavía se estará

gastando la guita, y te juro que yo por una semana no me pude levantar de la cama

porque no me atrevía a ir a la escuela para no bancarme la cargada de los lepra.

Los pibes son muy hijos de puta para la cargada, son muy crueles. ¿No viste cómo

descuartizan bichos, que agarran una langosta y le sacan todas las patas? Son unos

hijos de puta los pibes en ese sentido. Y lo que decía el Colorado era verdad. Ahora

todo el mundo habla de la deuda externa, y bueno, hermano, eso era algo así como

lo de la deuda externa, que por la cagada de cuatro reverendos hijos de puta que

empeñaron el país, la tenemos que pagar todos y los hijos y los hijos de nuestros

hijos. Y si estaba en nosotros hacer algo para que eso no pasara, había que hacerlo,

mi querido. Además, como decía el Colorado, ya no era el problema de la cargada

de los pendejos futbolistas, está también el fato del exitismo. Los pibes ven que

gana un equipo y se hacen hinchas de ese equipo, son así, casquivanos. Son

hinchas del campeón. Entonces, ponele que hubiese ganado Ñubel y… ¡a la

mierda! … de ahí en más todos los pibes se hacían de Ñubel, ponele la firma. Y no te

vale de nada llevarlos a la cancha, conversarlos, hablarles del Gitano Juárez o el

Flaco Menotti, ni comprarles la camiseta de Central apenas nacen. No te vale de

nada. Los pendejos ven que sale River campeón y son de River. Son así. Y en ese

momento no era como ahora que, mal que mal, vos los llevás al Gigante y los pibes

se caen de culo. Entonces, cuando van al chiquero del Parque, por mejor equipo

que pueda tener Ñul, los pibes piensan “Yo no puedo ser hincha de esta villa

miseria” y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos y vos ves que ahora

los pibes por ahí ni siquiera han visto jugar a Central o a Ñul y ya se hacen hinchas

de Central por el estadio. Es otra época, los pendejos son más materialistas, yo no

sé si es la televisión o qué, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.

Entonces la cosa estaba clara, había que secuestrar al viejo Casale, o sino

aguantarse que quince, veinte años depués, hoy por ejemplo, la ciudad estuviese

llena de lepra sos nacidos después de ese partido, y esto hoy ¿sabés lo que sería?

Beirut sería un poroto al lado de esto, hermano te juro.

El que organizó la “Operación Eichmann”, como lo llamamos, fue el Colorado. La

llamamos así por ese general aleman, el torturador, que se chorearon de acá una

vez los judíos ¿viste? y lo nuestro era más o menos lo mismo. El Colorado es un

tipo muy cerebral, que le carbura muy bien el bocho y él organizó todo. El

Colorado ya no estaba par ese entonces en la O.C.A.L.. La O.C.A.L., no sé si sabés es

una organización de acá, de Rosario, que se llama así porque son iniciales, O.C.A.L

“Organización Canalla Anti Lepra”. Son un grupo de ñatos como el Ku-Klux-Klan,

más o menos, que se reúnen en reuniones secretas y no sé si no van con capucha y

todo a las reuniones, o si queman algún leproso vivo en cada reunión. Mirá yo no

sé si es requisito indispensable ser hincha de Central, pero seguro seguro, lo que

tenés que hacer es odiar a los lepra. Tenés que odiar más a los lepra que lo que

querés a Central.

Hacen reuniones, escriben el libro de actas, piensar maldades contra los lepra,

festejan fechas patrias de partidos que les hemos ganado, tienen himnos, son como

esos tipos los masones esos, que nadie sabe quiénes son. Andan con antorchas.

Bueno, de la O.C.A.L., de la O.C.A.L. al Colorado lo echaron por fanático, con eso te

digo todo pero es un bocho el Colorado y él fue el que organizó todo el operativo.

Y te la cuento porque es linda, te la cuento porque es linda, no sé si un día de estos

no aparece en el “Selecciones” y todo. Averiguamos qué ómnibus iba para Villa

Diego, adonde tenía la quinta el hermano del viejo Casale. Desde donde vivía el

viejo, ahí por San Juan al mil cuatro cientos, lo único que lo dejaba en ese

entonces, si mal no recuerdo, era el 305 que pasaba por la calle San Luis. O sea que

el viejo tenía que tomarlo en San Luis-Paraguay o San Luis-Corrientes, no más allá

de eso a menos que fuera muy pelotudo y lo fuera a tomar a Bulevar Oroño que no

sé para qué mierda iba a hacer eso. Ahora, la. duda era si el viejo se iba a ir en

ómnibus o en auto, porque si se iba en auto nos recagaba, pero nos jugábamos a

que se iba a ir en ómnibus porque auto no tenía y seguro que el hermano tampoco

tenía porque debía ser un muerto de hambre como él, seguramente. Y te digo que

la cosa venía perfecta, porque el viejo nos había dicho que iba a salir bien

temprano para no infartarse con las bocinas o sea que nosotros podíamos

combinarlo con el horario de salida nuestra para el partido. Porque también nos

cagaba si salía a la una de la tarde para Villa Diego porque después ¿cómo

llegábamos nosotros a Buenos Aires para la hora del partido con el quilombo que

era la ruta y en un ómnibus de línea? Lo más probable es que nos hiciéramos pelota

en el camino por ir a los pedos. Y por otra parte, hermano, Villa Diego queda

saliendo para Buenos Aires o sea que la cosa estaba clavada, era posta posta.

Después hubo que hablar con los otros muchachos, porqu e convencer al Rulo no

nos costó nada, a él le daba lo mismo y, además, le contamos los entretelones del

asunto. Te digo que el Colora manejó la cosa como un capo, un maestro. El asunto

era así, el Rulo es un fana amigo de Central que tiene un par de ómnibus, está muy

bien el Rulo. Y en esa época tenía un par de coches en la línea 305. Fue un ojete así

de grande, porque si no teníamos que conseguir otro coche, cambiarle el color,

pintarlo, qué sé yo, ponerle el número, un laburo bárbaro. Pero el Rulo tenía dos

305 y con uno de ésos ya tenía pensado pirarse para el Monumental el día del

partido y más bien que se llevaba como mil monos que también iban para allá. Lo

sacaba de servicio y que se fueran todos a la reputísima madre que los parió, no iba

a perderse el partido ese.

Entonces, el Rulo, con los monos arriba Y nosotros, tenía que estar con el ómnibus

preparado, el motor en marcha, por España, estacionado. Y el Miguelito se ponía

de guardia, tomando un café, justo en un boliche de ahí cerca desde donde veían la

puerta de la casa del viejo Casale. Creo que a las cinco, nomás, de la matina, ya

estaba el Miguelito apostado en el boliche haciéndose el boludo y junando para la

casa del viejo. Te juro que ni los tupamaros hubieran hecho un operativo como

ése, hermano. Fue una maravilla.

Apenas vio que salía el viejo con una canastita donde seguro se llevaba algún

matambre casero, algo de eso, el pobre viejo, el Miguelito cazó una Vespa que

tenía en ese entonces, dio la vuelta a la manzana y nos avisó. Cargó la moto en el

ómnibus, en la parte de atrás, detrás de los últimos asientos y nos pusimos en

marcha.

Ya les habíamos dicho a tres o cuatro pendejos, de esos quilomberos de la barra,

que se hicieran bien los sotas, que no dijeran ni media palabra y se hicieran los que

apoliyaban. Nosotros también, para que no nos reconociera el viejo, estábamos en

los asientos traseros, haciéndonos los dormido, incluso con la cara tapada con

algún pulover, como si nos jodiera la luz, o con algún piloto.

Te digo que el día había amanecido frío y lluvioso, como la otra fecha patria, el 25

de Mayo. Además, el quilombo había sido guardar y esconder todas las banderas,

las cornetas, las bolsas con papelitos, los termos, todo eso. Uno de los muchachos

llevaba una bandera de la gran puta que medía 52 metros ¡52 metros, loco! Media

cuadra de bandera que decía “Empalme Graneros presente” y tuvimos que meterla

debajo de un asiento para que el. viejardo no la vichara.

La cosa es que el viejo subió medio dormido y se sentó en uno de los asientos de

adelante que ya habíamos dejado libre a propósito para que no viera mucho del

ómnibus. Rulo le cobró boleto y todo. Y nadie se hablaba como si no nos

conociéramos. Y como el ómnibus iba haciendo el recorrido normal, el viejo iba lo

más piola, mirando por la ventanilla. La cuestión es que llegamos a Villa Diego y el

viejo tranquilo. Cada tanto, cuando nos pasaba algún auto con banderas en el

techo, tocando bocina, el viejo miraba a los que tenía cerca y movía la cabeza

como diciendo “¡Mirá vos!”.

Se ve que tenía unas ganas de hablar pero nadie quería darle mucha bola para no

pisarse en una de ésas. Así que nos hacíamos todos los dormidos. Parecía que

habían tirado un gas adentro de ese ómnibus hermano. Como cuando se muere

algún ñato ¿viste? que se queda a apoliyar en el auto con el motor prendido y lo

hace cagar el monóxido de carbono, creo. Bueno, así parecía que a nosotros nos

había agarrado el monóxido de carbono. Pero, cuando llegamos a Villa Diego, por

ahí el viejo se levanta y le dice al Rulo “En la esquina, jefe.”. Y yo no sé qué le dijo

el Rulo, algo de que ahí no se podía parar, que estaba cerrado el tráfico, que había

que seguir un poco más adelante y el viejo se la comió, pero se quedó paradito al

lado de la puerta. Al rato, por supuesto, de nuevo el viejo, “En la esquina”. Ahí ya

el Rulo nos miró, porque se le habían acabado los versos. Y ahí, hermano… ¡vos no

sabés lo que fue eso! Fue como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo y te

juro que ni siquiera lo habíamos hablado. Empezaron los muchachos a desplegar

las banderas, a sacar las cornetas y las banderas por la ventana, y a los gritos,

hermano, “¡Soy canalla, soy canalla!” por las ventanas.

Pero no para el lado del viejo, el pobre viejo, que la cara que puso no te la puedo

describir con palabras, sino para afuera, porque los grones, con lo quilomberos

que son, se habían ido aguantando hasta ahí sin gritar ni armar quilombo para no

deschavarse con el viejo, pero cuando llegó el momento agarraron las banderas,

empezaron a sacar los brazos y golpear las chapas del costado del ómnibus y

también el Rulo empezó a seguir el ritmo con la bocina.

¿Viste esas películas de cowboy, cuando los choros van a asaltar una carreta donde

parece que no hay nadie, o que la maneja nada más que un par de jovatos y de

golpe se abren los costados y aparecen 17.000 soldados que los cagan a tiros?

¿Que levantan la lona y estaban todos adentro haciéndose los sotas? Bueno, ese

ómnibus debió ser algo así. De golpe se transfonnó en un quilombo, un escándalo,

una de gritos, de bocinazos, cornetas, una joda. ¡Y la gente al lado de la ruta!

Porque desde la madrugada ya había gente a los costados de la ruta esperando que

pasaran las caravanas de hinchas. Era para llorar, eso, conmovedor, te saludaban,

gritaban, levantaban los puños, por ahí algún lepra, a las perdidas, te tiraba un

cascotazo… Pero vuelvo al viejo, el viejo, no sabés la caripela que puso. Porque

nosotros lo estábamos mirando porque decíamos: éste es el momento crucial. Ahí

el viejo o cagaba la fruta, el corazón se le hacía bosta, o salía adelante. El viejo

miraba para atrás, a todos los monos que saltaban y cantaban y no lo podía creer.

Se volvió a sentar y creo que hasta San Nicolás no volvió a articular palabra. Te

digo que el Rábano, el hijo de la Nancy ya se había ofrecido a hacerle respiración

boca a boca llegado el caso, que era algo a lo que todos, mal que mal, le habíamos

esquivado el bulto porque, qué sé yo, te da un poco de asco, además con un viejo.

Pero mirá, te la hago corta. Mirá, cuando el viejo ya vio que no había arreglo, que

no había posibilidad de que lo dejáramos bajar del ómnibus, se entregó, pero se

entregó entregó. Porque, al principio, nosotros nos acercamos y nos reputeó, nos

dijo que éramos unos irresponsables, unos asesinos, que no teníamos conciencia,

que era una,verguenza, qué sé yo todo lo que nos dijo. Pero después, cuando

nosotros le dijimos que él estaba perfecto, que estaba hecho un toro, que si se

había bancado la sorpresa del ómnibus quería decir que ese cuore se podía

bancar cualquier cosa, empezó a tranquilizarse. El Colorado llegó a decirle que

todo era una maniobra nuestra para demostrarle que él estaba perfectamente

sano y que incluso el médico estaba implicado en la cosa.

Mirá hermano, y creéme porque es la pura verdad ¿qué intención puedo tener en

mentirte, hoy por hoy? mucho antes ya de entrar en Buenos Aires ese viejo era el

más feliz de los mortales, te lo digo yo y te lo juro por la salud de mis lujos. El viejo

cantaba, puteaba, chupaba mate, comía facturas, gritaba por la ventana y a la

cancha se bajó envuelto en una bandera. No había, en la hinchada, un tipo más feliz

que él. Vino con nosotros a la popu y se bancó toda la espera del partido, que fue

más larga que la puta que lo parió y después se bancó el partido. Estaba verde, eso

si, y había momentos en que parecía que vos lo pinchabas con un alfiler y

reventaba como un sapo, porque yo lo relojeaba a cada momento. Y después del

gol del Aldo, yo lo busqué, lo busqué porque fue tal el quilombo y el desparramo

cuando el Aldo la mandó adentro que yo ni sé por dónde fuimos a caer entre las

avalanchas y los abrazos y los desmayos y esas cosas. Pero después miré para el

lado del viejo y lo vi abrazado a un grandote en musculoso casi trepado arriba del

grandote, llorando. Y ahí me dije: si éste no se murió aquí, no se muere más. Es

inmortal. Y después ni me acordé más del viejo, que lo que alambramos, lo que

cortamos clavos, los fierros que cortamos con el upite, hermano, ni te la cuento.

Eso no se puede relatar, hermano, porque rezábamos, nos dábamos vueltas, había

gente que se sentaba entre todo ese quilombo porque no quería ni mirar. Porque

nos cagaron a pelotazos, ya el segundo tiempo era una cosa que la tenían siempre

ellos y ¿sabés qué era lo fulero, lo terrible? ¡Qué si nos empataban nos ganaban,

hermano, porque ésa es la justa! ¡Nos ganaban esos hijos de puta! ¡Nos empataban,

íbamos a un suplementario y ahí nos iban a hacer refocilar el orto porque estaban

más enteros y se venían como un malón los guachos! ¡Qué manera de alambrar!

Decí que ese día, Dios querido, yo no sé que tenía el flaco Menuttl que sacó

cualquier cosa, sacó todo, vos no quieras creer lo que sacó ese día ese flaco

enclenque que parecía que se rompía a pedazos en cada centro. Le sacó un

cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era

para ir todos en procesión y besarle el culo al flaco ése ¡qué pelota le sacó a Silva!

Ahí nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito,

éramos boleta en el suplementario. Me acuerdo que miro para atrás y lo veo al

viejo, blanco, pálido, con los ojos desencajados, pobrecito, pero vivo. Y ahora yo

te digo, te digo y me gustaría que me contesten todos esos que ahora dicen que fue

una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese día. Me gustaría que alguno de

esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vi yo al viejo Casale

cuando el referí dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de

puta casualidad, lo vio al viejo Casale como lo vi yo cuando el referí dio por

terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en

palabras. Te digo que me, gustaría que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi

yo. ¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese

viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a

ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su

vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que

tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como

fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos

pensamos; “¡qué importa!” ¡Qué más quería que morir así ese hombre! ¡Esa es la

manera de morir para un canalla! ¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir

dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero,

basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! Se

murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de

haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que

hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la

manera de morir, yo elijo ésa, hermano! Yo elijo ésa.

Murió el escritor José Saramago

Publicado por admin con fecha junio - 18 - 2010 COMENTAR

El escritor, poeta y dramaturgo portugués José Saramago murió en España a los 87 años.

El fallecimiento fue informado esta mañana por su editor Zeferino Coelho, que precisó que el escritor murió en su casa de Lanzarote, en las islas Canarias. Coelho indicó que su salud se había deteriorado en los últimos meses.

Saramago había ganado el Premio Nobel de Literatura en 1998 y su última novela, Caín, se había publicado en 2009. En su prolífera obra se destacan: La balsa de piedra (1986), El Evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1995), Todos los nombres (1997), El hombre duplicado (2002) y Ensayo sobre la lucidez (2004).

“Con sus parábolas sustentadas por la imaginación, la compasión y la ironía Saramago nos permite aprehender nuevamente una realidad ilusoria”, dijo la Academia Sueca cuando lo distinguió con el Nobel.

Hijo y nieto de campesinos sin tierra, Saramago nació en la aldea de Azinhaga, provincia de Ribatejo, el 16 de noviembre de 1922, aunque el registro oficial menciona como fecha de nacimiento, el día 18. Sus padres emigraron a Lisboa cuando aún no había cumplido dos años. La mayor parte de su vida transcurrió en la capital portuguesa, aunque las visitas a su ciudad natal eran habituales.

Inició estudios secundarios que, por dificultades económicas no pudo terminar. Su primer trabajo fue de cerrajero mecánico. También fue funcionario de sanidad y de previsión social, traductor, editor y periodista

Saramago publicó su primer libro, una novela, Tierra de Pecado, en 1947. Trabajó durante doce años en una editorial, donde ejerció funciones de dirección literaria y de producción. Colaboró como crítico literario en la revista Seara Nova. En 1972 y 1973 formó parte de la redacción del periódico Diário de Lisboa, en el que fue comentarista político y coordinador del suplemento cultural.

 Saramago perteneció a la primera dirección de la Asociación Portuguesa de Escritores y fue, entre 1985 y 1994, presidente de la Asamblea General de la Sociedad Portuguesa de Autores. En 1975 fue director adjunto del periódico Diário de Notícias . Al año siguiente comenzó a vivir exclusivamente de su trabajo literario, primero como traductor, después como autor.

En febrero de 1993 decidió repartir su tiempo entre Lisboa y la Isla de Lanzarote, en el Archipiélago de Canarias, España. Estaba casado con Pilar del Río.

 Saramago tenía un blog llamado Cuaderno de Saramago en el que publicaba sus reflexiones personales. Había dejado de escribir en agosto pasado. En el último post, titulado “Despedida”, explicó que dejaría de comunicarse por esa vía para dedicarse a la escritura de su último libro. Luego, reactivó ese espacio para sumar post en un nuevo blog otros Cuadernos de Saramago

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