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El regreso
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Autor Tema: El regreso  (Leído 4002 veces)
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Tiburcia
Visitante
« : Abril 19, 2010, 01:06:29 »

Ern estaba a camino de casa después de un largo viaje a trabajo. Desde el avión le inquietaba el recuerdo de su mujer, el reencuentro con su dulce Patri. Recordaba su risa, su mirada, su cuerpo bonito, lo senos que con el pasar del tiempo iban poniéndose más hermosos, hartos, con los pezones ahora más oscuros que lo de costumbre. Su derrière, que tanto le gustaba palmar, en los momentos en que se dejaba cabalgar, el sexo hermoso, recubierto por una faja generosa de pelos negros y largos, donde le gustaba enmarañar sus dedos. Donde le gustaba pasar de leve la nariz para oler a su hembra. Y su vientre maduro donde hacía meses venía recostando su cabeza como que a la espera de  oír algo. Al largo de algunos meses su cuerpo se modificaba. Que rico acompañar aquellos cambios, el crecer del vientre, de la vida que juntos hicieron y que le cabía a ella cargar – su hijo. Los detalles recordados le hicieron llevar la mano al pantalón a arreglar algo que le incomodaba, ella preñe aun se ponía más sexy a sus ojos.

Sí, le incomodaba una erección de aquellas que solo aquella mujer sabía provocarle. No que tuviera disfunciones sexuales, no, al contrario, en sus 43 años y excelente forma física, era hombre que no dejaba a desear en se tratando de sexo. Siempre había valorado vivir toda clase de experiencias y morbos, hasta conocer Patri, porque después de ella, todo lo que tenía ganas de vivir era en su compañía y su mayor presente era darle placeres. Es que nunca, otro cuerpo supiera tanto unirse al suyo cuanto lo de ella. Deseaba fuertemente tenerla otra vez en sus brazos. Bajó del avión apresurado como si fuera sacar el padre de la horca, cogió equipaje y rumbó hacia casa mal despidiéndose de sus colegas. Recordar el sabor de aquella piel, de aquel sexo y su calor le incomodaba tanto cuanto el miembro crecido y babeante preso en los pantalones. Aquella boca, aquel coche, aquella calle, ¿¡cuantas veces ella no le había llevado al delirio acariciándole el sexo mientras él conducía?!

Aprovechándose de estar solo, abrió la  cremallera, dejó el gran y grueso compañero salir a tomar aire. Lo cogió con unas de las manos pensando en aquella boca carnuda y cálida, en la lengua húmeda, en la mirada provocativa, en la risa jocosa, sensualmente depositada a un lado de la boca. Se tocó un poco, pero su mano no tenía la suavidad de las de ella, ni el calor o humedad de su boca. Imprimió más velocidad al coche. Ya eran las 4.00 am cuando por fin llegó a casa. Abrió la puerta y entró pie por pie, desnudándose por el camino.

La mujer, preñe de  7 meses, con el vientre inmenso dormía tranquila… La luna llena invadía toda la habitación como que empezando su despedida. Se aproximó de la cama, la miró durmiendo como un ángel bañado por la luz de la luna. Sus cabellos oscuros, rizados y largos tendidos por sobre un brazo y la almohada. Su rostro bonito, dormía con cara de quien sonreí, quizás fuera alegría por lo de su llegada. Él no le había dado fecha cierta pero sabía que retornaría por aquellos días. Tumbada medio boca abajo, medio de ladito por el panzón, traía parte de la espalda desnuda,  dejando a muestra sus hombros tercios donde él depositaba sus besos. Y el resto del cuerpo hermoso, una sábana fina lo cubría. Estará desnuda como siempre – pensó, mirando la silueta dibujada por la sábana. Su falo reaccionó a lo visto y pensado, dejando caer al suelo, un hilo del fluido lubricante salado y transparente. Cogió la sábana y la fue tirando hacía un lado, descubriendo ante sus ojos aquella bella espalda donde no solo clavaba besos pero que cuando solía jugar a sádico, dejaba señales de sus varillas. Bella espalda que adoraba verse mover cuando a cuatro davale sus estocadas. Recordándose la humedad y el calor de aquellas entrañas, no se contiene, se masturbó.

Con la otra mano, seguía tirando la sábana, descubriéndole nalgas. Para su sorpresa, Patri no está completamente desnuda, como suele dormir todas las noches, principalmente en esas donde el calor domina toda España. Llevaba una única pieza puesta, un tanga, nuevo por supuesto, desconocido de él.  Sin duda ella conocía sus gustos, el tanga  predominantemente fucsia pero salpicado, estampado de otros colores como beige, negro, marrón y dorado, detalles visto en la lateral del tanga ya que el hilo estaba completamente desaparecido entre aquellas dos bandas rollizas de carne blanca, no podría haberle agradado más.

La siguió descubriendo hasta dejar al suelo toda la sábana. Exponiendo  a la claridad lunar, las pernas hermosas, una completamente estirada y la otra doblada, sirviendo de apoyo al preñado.

Se puso a cuatro en la cama, acercó su rostro de aquel templo trasero que tanto le excita. Cerró  los ojos, respiró profundamente dejando su nariz ser  invadido por el aroma de su mujer, y ella, aunque se hubiera despertado al sentir resbalarse la sábana, simuló dormir. Vio su visto falo erecto, potente, ansioso, le vio tocársela por ella, ante ella, para ella… Excito se.

Él metió su cara entre aquellas piernas de forma a olerle mejor el sexo y su olor a hembra hizo moverse el miembro como si este tuviera vida propia. Patri sintió su halito caliente pegándose contra la tela del tanga al paso que la lengua húmeda, iba acercándose de sus entrepiernas, perineo…  Nariz y lengua hicieron con que los pelos se escapasen por las laterales del tanga  al paso que  un  gemido bajito se le escapa por la boca.  Su piel tercia de mujer se erizó entera, receptiva, casi lista a abrigar toda aquella carne.

Ernesto ladeó el tanga con un dedo, descubriendo el vale de su felicidad y dejando libre todo el camino desde la laguna de aguas tibias hasta el ojo del volcán.  El hombre vuelto fiero, vio desaparecer su calma.  La lamió voluptuosamente, pasando la lengua ancha desde su ano hasta el pubis, dejando  sobre la piel un rastro de babas… Se detenía ora en los pliegues anales, ora en la abertura vaginal. Tomaba de ella como que para matar su sed. Movía la lengua, la cabeza, con locura, haciendo su boca, nariz y cara impregnarse de aquella humedad cristalina y acida. Ella cierra las manos sobre la sabana de tanto deseo y contorsionándose, gime de placer.

Aquella receptividad le volvía loco, necesita apagar su fuego, saciar las ganas, necesita clavarse en sus entrañas. Notó su excitación aunque ella aun simulase dormir. Entonces se arrodilló en la cama,  esculpió saliva sobre el glande, como si fuera necesaria más lubricación…  Se tumbó al lado de ella acercándose de su cuerpo, nuevamente agarró el tanga para impedir que lo molestase, pasó su miembro viril por esas zonas erógenas de ella, desde el pubis al ano. La volvió a la abertura vaginal y la metió toda, sin piedad, arrancándole un gemido alto y largo. Acoplo se, manteniéndose allí inmoble por un rato, dejando que su humedad de hembra le involucrase el pene y al rato empezó a moverse dentro de ella, despacio, rápido, despacio, rápido, alternado ritmo y movimiento… Ella desistiendo de simular dormir viró el cuello, ofreciéndole la boca para un beso al cual él no se negó. Lengua  y falo sincronizados se mueven dentro de ella que, a su turno, sentía el placer tomar todo su cuerpo. Otra vez  clavó se entero como que queriendo meterle hasta testículos para al unísono quedarse inmoble y sacarlo de golpe. Ella lamentó la salida repentina pero él no le da tiempo a pedir que se la meta de nuevo.  Agarró el miembro, volvió a frotarlo sobre su clítoris, sobre la abertura, sobre su perineo, sobre su ano.

Lo apuntó aquel pequeño hueco negro, húmedo de babas y precum, metió despacio el glande, sintió los pliegues y el esfínter de Patri abrirse, agarrarle el glande y succiónalo para dentro. Dejó se tragar, es más, fue metiéndose  y metiéndose, más y más dentro de aquel templo anal que tanto le gusta frecuentar. Manos libres, ya que innecesario siguiera empuñando o sosteniendo el miembro, fueron a las tetas hermosas, acariciarles los pezones que se preparaban para la lactación, empinados y duros… Siguió devorándole la boca en un beso largo, lascivo y hasta violento, que bien traducía el ímpetu, las ganas de aquel momento, en que se sentía tragado por el trasero de su mujer. Se movió más fuerte, como si la quisiera romper al medio, gimieron, gruñeron como animales en celo! Ella clavó sus garras la las nalgas masculinas bien torneadas, incitándole a moverse más, a meterle más y más. Y él le atendió, imprimiendo más fuerza a las estocadas. Sintieron aproximarse el gozo.

Él ordeñó sus tetas a que le mojasen de calostro los dedos para al sucesivo buscarle el sexo hambriento. Le acarició el clítoris crecido y resbalante de tanta humedad vaginal. Lo tocó con los dedos, disminuyendo y aumentando la intensidad conforme  las bombeadas de su mástil a las entrañas anales. Las bocas se mordían en frenesí. Los gemidos eran la sinfonía del placer de ambos y la habitación olía a sexo. Ernesto sintiendo su semen despegarse de los cojones y encaminarse a uretra, y el aumento de jugos vaginales sobre sus dedos  intensificó las caricias. Sus dedos entraban y salían de aquella vagina en el mismo compaso que su mástil la varaba por detrás. Ella llevó su mano sobre la de él como si la quisiera ver entera dentro de si, no solo dedos. La excitación llegó al ápice, corrientes eléctricas salían de sus sexos y les recurrían todo el cuerpo y el orgasmo les vino intenso, largo…

Patricia depositó su placer sobre los dedos de Ernesto, dándole su orgasmo mientras Ernesto le inundó el ano con su semen blanquecino, abundante y espeso. Chorro tras chorro, pego se a las paredes intestinales de ella, mientras su flor descontrolada, se expandía y retraía alrededor de los dedos de Ernesto.   Sus cuerpos se retesaron durante el gozo, antes de regresar a calmaría y a pesar de satisfechos, él no salió de ella, quedó allí un rato. Se apoyó por el cuello, le miró a su carita complacida:

-   Buenos días mami, ¡estoy de regreso!
-   ¿Y yo no lo sé? ¡Seas bienvenido cariño!

En un abrazo fuerte, quedaron abrazados, acariciándose, mientras los primeros rayos de sol entraban por la ventana.
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Marina Centeno
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« Comentar #1 : Abril 26, 2010, 02:51:50 »


Me gustó mucho, Tiburcia. Yo creo que tienes un potencial considerable para este tipo de narraciones, con su lenguaje justo y significativo en erotismo y sensualidad. Algunas fallas de tipeo que son corregibles. En general, te felicito por conducir mi lectura con esa agradable sensación que deja la narrativa sexual sin rebasar sus límites.

Enhorabuena.

Saludos.
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Tiburcia
Visitante
« Comentar #2 : Abril 26, 2010, 03:14:08 »

Creo que esos fallos se deben al hecho de que no sea el español/castellano mi lengua máter. Por más que me guste el idioma, por más que busque aprenderlo día tras día, mucho aun me queda por aprender y desarrollar.

Gracias por tu comentario cariñoso y estimulante.

Saludos.   
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HENRIQUE MENDES
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Se leu, comente. Um comentário é um afago na alma!


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« Comentar #3 : Junio 04, 2010, 04:03:20 »

Muy elegante, Tiburcia. Intimista de la forma cierta. Sin tabus, no es libertino. Muy bonito. Congratulaciones. Mejor todavia: - Parabéns ! Henrique.
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Tiburcia
Visitante
« Comentar #4 : Junio 05, 2010, 10:31:05 »

Gracias, Henrique por la visita y por las palabras de aprecio. Obrigada! (Em nosso bom e velho português) kkk.
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Russo Dylan Galeas Maynor
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« Comentar #5 : Junio 07, 2010, 05:25:14 »

Un cuento que llega al sentir del lector o lectores.,

Lo he disfrutado mucho.

Placer leerle, saludos-
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Los trabajadores de estas páginas construyen
un monumento que, a ladrillos de prosa y poesía, se eleva a la condición divina.

Russo Dylan-Galeas
Tiburcia
Visitante
« Comentar #6 : Junio 08, 2010, 09:59:36 »

Me alegra muchísimo que lo hayas disfrutado Russo. Gracias.


Saludos.
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Roberto Santamaría
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« Comentar #7 : Noviembre 29, 2012, 05:55:19 »

Una bellísima prosa en este cuento o relato donde la sensualidad y el deseo
se hacen presentes a través de una lectura que atrapa desde el  principio al final,
 fue un placer pasar y disfrutarla.

Un fraternal abrazo

Roberto
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¿Quién dijo que la poesía ha muerto?
Por cada gusano que nace brotan dos rosas, José Marti
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