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Autor Tema: UN CANTO EN LA NOCHE  (Leído 66 veces)
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Martha Larios
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« : Octubre 29, 2017, 06:25:42 »

UN CANTO EN LA NOCHE




Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar
Antonio Machado


Era la tarde del 2 de noviembre, Día de Muertos, gran celebración Mexicana. Como cada año el grupo cultural, se apresuraba a preparar el escenario, que en esa ocasión sería un zompantli, que es una especie de pared, hecha de cráneos humanos, de varios tamaños y formas, de papel maché o reciclado pintados de blanco con un marco de flores de cempoalxochitl, como en nuestros ancestros hacían antes de la invasión española.

Eran varios amigos de diversas edades, que con tiempo se organizaban para realizar un evento a a los seres queridos que se han ido, tanto de ellos, como de los que a pesar del frío se venían para acompañar y disfrutar de una noche mágica.

Era un foro abierto al arte, así que siempre, había sorpresas inesperadas, pues no había un programa establecido, solo el inicio, que consistía en dar la bienvenida a las almas tocando instrumentos prehispánicos, como flautas de barro, huehuetl (tambor de madera y piel de algún animal), teponaztli (instrumento horizontal de madera hueca con dos lenguetas decorado con figuras de animales que solo produce dos sonidos muy agradables, al tocarse con baquetas de madera,  o simplemente haciendo sonar un gran manojo de ayoyotl (semillas) o capullos de mariposa, llamados actualmente huesos de fraile, contra los rieles de la vía del ferrocarril y en voz alta, se invitaba a las almas de los seres queridos de los presentes a asistir a la fiesta dedicada a ellos.

Todos, llevábamos algo para la ofrenda de esa noche, sal, agua, frutas, velas, papel picado, flores de cempoalxochitl, delicioso pan de muerto de sabores como canela, guayaba, naranja, etc., tamales, dulce de camote morado elaborado con diversas frutas, platillos y postres que solo se preparan para estas fechas.

Como mencioné antes, nunca se sabría que habría a continuación, pues se convocaba a poetas, cuenta-cuentos, bailarines, danzantes, músicos, a quien quisiera pasar al escenario. Acudían personas de todas las edades, con gran entusiasmo a participar de la fiesta. Solo tenían que llegar y anotarse y era tan apreciado y exitoso, que empezaba desde la tarde y terminaba al amanecer. Esa noche habría una gran sorpresa, pues ni los organizadores sabían.

Se realizó con misticismo y alegría. Todo fue un éxito, como normalmente sucedía. Estábamos a punto de irnos, cuando llegó un joven, preguntando si podía ocupar el escenario,  diciendo que cantaría, y desde luego se le autorizó inmediatamente, faltaba muy poco para que terminar, además no podíamos verlo pues estaba muy obscuro. Eran las dos de la mañana, y los organizadores pensamos que sería magnífico como cierre. Pues solo faltaba usar la mojiganga, que es una figura grande de de cartonería, y dentro de ella va una persona para moverla, que desde luego para esta celebración es la famosa Catrina. Y compartir la ofrenda con los asistentes.

Al acercarse a la luz, el joven nos impresionó, era extremadamente delgado, más alto que la estatura promedio de la zona, media aproximadamente 1.90 mts., cara afilada, manos largas como de pianista, blancos como la cera, ojos hundidos, podría decir que eran obscuros como la noche y no se les veía fin.  Su vestimenta era muy peculiar, la cabeza no parecía tener cabello y estaba cubierta por una especie de pañoleta de manta de cielo negra anudada en la nuca y colgaba de lado hasta casi la cintura. Usaba una camisa de corte extraño y único, una falda-pantalón cruzada al frente y botas altas para montar, todo en negro, lo que hacía que se viera muy elegante y plásticamente perfecto.

Con gran seguridad, subió al improvisado escenario y se empezó a escuchar un sonido tremendamente fuerte, intenso y cascado, resonaba en la noche la inconfundible voz de Lucha Reyes, la cantante Mexicana, quien había muerto en 1944. Una sola canción fue suficiente para dejarnos a todos impactados y con la boca abierta. Apenas podíamos creerlo.

En ese momento, por una extraña razón y sin ninguna explicación lógica, vino a mi mente el poema de Octavio Paz  “Óyeme como quien oye llover, ni atenta ni distraída, pasos leves, llovizna, agua que es aire, aire que es tiempo, el día no acaba de irse, la noche no llega todavía, figuraciones de la niebla al doblar la esquina, figuraciones del tiempo en el recodo de esta pausa, óyeme como quien oye llover, sin oírme, oyendo lo que digo con los ojos abiertos hacia adentro, dormida con los cinco sentidos despiertos, llueve, pasos leves, rumor de sílabas, aire y agua, palabras que no pesan: lo que fuimos y somos, los días y los años, este instante, tiempo sin peso, pesadumbre enorme, óyeme como quien oye llover, relumbra el asfalto húmedo, el vaho se levanta y camina, la noche se abre y me mira, eres tú y tu talle de vaho, tú y tu cara de noche, tú y tu pelo, lento relámpago, cruzas la calle y entras en mi frente, pasos de agua sobre mis párpados, óyeme como quien oye llover, el asfalto relumbra, tú cruzas la calle, es la niebla errante en la noche, es la noche dormida en tu cama, es el oleaje de tu respiración, tus dedos de agua mojan mi frente, tus dedos de llama queman mis ojos, tus dedos de aire abren los párpados del tiempo, manar de apariciones y resurrecciones, óyeme como quien oye llover, pasan los años, regresan los instantes, ¿oyes tus pasos en el cuarto vecino? no aquí ni allá: los oyes en otro tiempo que es ahora mismo, oye los pasos del tiempo inventor de lugares sin peso ni sitio, oye la lluvia correr por la terraza, la noche ya es más noche en la arboleda, en los follajes ha anidado el rayo, vago jardín a la deriva -entra, tu sombra cubre esta página-”

El extraño personaje, bajó y se fue rápidamente, sin decir nada, y sin esperar el aplauso, el cual se quedó congelado en medio de esa noche, de lluvia, frío y obscuridad.

Nunca supimos quien fue, estábamos tan impresionados que nadie se movió, ni lo siguió para preguntar.

Poco a poco y en silencio, todo mundo empezó a irse, ya no hubo fin de fiesta como se acostumbraba, y seguramente ese recuerdo quedó para siempre en nuestra mente. Y la pregunta flotaba en el aire enrarecido, ¿Acaso fue un vistazo rápido al más allá?

Martha Larios
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Leonor Aguilar
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« Comentar #1 : Octubre 29, 2017, 07:28:47 »

Disfruto  conocer a través de tus relatos las costumbres de tu pueblo.

Un placer, querida amiga

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Martha Larios
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« Comentar #2 : Octubre 30, 2017, 06:59:04 »

Disfruto  conocer a través de tus relatos las costumbres de tu pueblo.

Un placer, querida amiga


El placer es mío, al saber que te interesas por pasar por mis letras. Un gran abrazo querida amiga
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