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ASÍ TE CUENTO DE CONFUSIONES GATUNAS
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Autor Tema: ASÍ TE CUENTO DE CONFUSIONES GATUNAS  (Leído 244 veces)
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Cony Ureña
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« : Febrero 11, 2018, 05:20:14 »

LA PRIMERA CONFUSIÓN

¡Hola! Soy ese que Ella llama Felix el gato blanco y negro que ronda su edificio casi todo el día. A veces me ven otras personas y quieren ahuyentarme, en otras ocasiones me acarician y yo lo permito y les correspondo. Algunas mañanas me dan croquetas que no como, a menos que haya pasado varias horas sin el otro alimento, esa comida que me da la señora que cada día se asoma por la ventana y me lanza hacia el jardín un atún muy sabroso. Por eso llego al amanecer, busco un lugar menos frío debajo de un automóvil y ahí espero hasta escuchar que Ella abre su ventana.

¿Cómo sé su nombre? ¿Recuerdas al gato grande color amarillo que Ella alimentaba?  Ese gato era amigo de mi papá, el señorial gato llamado Vaquita; ese amigo platicó que la señora lo llamaba Güero y él la nombraba “Ella”. Antes de desaparecer, Güero le contó a mi papá que la comida que le daban era lo más sabroso que un gato puede disfrutar. Mi papá, de vez en cuando recibía una pequeña ración que le obsequiaba Ella y bueno, cuando me quedé solo, sin mi padre, me acerqué a ese balcón y empecé a recibir ese preciado alimento.

Sí, soy hijo del Vaquita. Una familia me adoptó y vivía en un apartamento. Me llevaron a operar para que no tuviera hijos y me pusieron un collar que decía “Crayola”, pero no sabía si ese era mi nombre, porque siempre escuchaba “bájate de ahí”, “no arañes, no maltrates”, “vete de aquí”. Y me fui; sí, me fui a buscarla a Ella, de quien mi papá me platicó antes de esfumarse y me pidió cuidar.

Cuando la encontré, Ella me trató como si me conociera de mucho tiempo atrás. Al principio creía que yo era hembra y trató de subirme a su auto para llevarme a operar… ¡no!, ya pasé por una cirugía y me parece que es suficiente. Así que cuando Ella está cerca de su auto, permanezco a prudente distancia.

Muchas veces se sienta a jugar conmigo en las afueras del edificio donde vive, a veces me carga y ha querido llevarme a su casa; no se lo puedo permitir; ya tuve una casa y no fui feliz, así que prefiero vivir al aire libre. Además, con Ella vive Güerita, una gata chica, delgadita, de cara bonita pero que se cree una princesa y es porque Ella comparte el alimento de Güerita conmigo.  Varias mañanas, cuando esa minina se pasea por el jardín que rodea el edificio, la correteo, la asusto tanto que maulla muy fuerte y Ella sale para ver qué sucede. Si logra verme, me llama la atención; pero nunca me castiga.

Porque como bien, estoy fuerte y resisto el frío y la lluvia.  Me cobijo debajo de los autos y cuando llueve mucho, me escondo entre las llantas y la carrocería; ahí duermo calientito.

Un día llegó un gato completamente negro que daba lástima. Me pidió permiso para solicitarle comida a Ella. Tuve compasión de ese pobre que venía de haber peleado con otros gatos y seguramente había perdido la batalla porque estaba herido.  Ella lo alimentó y ahora es un gato fuerte y sano como yo, con su pelaje brillante como el mío y ya no me pide permiso para alimentarse, yo tengo que dejar que primero coma él y después yo, o me arrebata mi ración. No es justo.

Ella me dice Felix y me silva desde su balcón. Todas las mañanas me pregunta cómo estoy y yo no le contesto, lo importante es que me lance el alimento que casi toda la noche he estado esperando.

Y, ¿sabes algo?, a veces me descontrolo pensando si es Ella la misma que asoma por el balcón o la que sale del edificio y viaja en un auto azul profundo.  No sé si es la misma que juega conmigo o la que me llama con un silbido.

A quien sí conozco muy bien es a una joven que sale a pasear a su perrito, casi siempre la acompaña un muchacho. A esa chica la he seguido a su apartamento, no importa que me dé solo croquetas, la sigo porque tiene una mascota que me gusta.

Hay otra chica más joven que tiene un gato dentro de su casa. Ella también me da croquetas, pero rara vez las como. Casi siempre las consumen los pájaros, esos grandes pájaros negros o las palomas. Yo no.

Algunas veces Ella me ha preguntado por qué tengo la cara triste, me dice que debo ser feliz y por eso me llama Felix; pero la expresión de tristeza es característica de los que no tienen hogar; quién sabe por qué, pero así es. Cierto es que yo abandoné la que era mi casa, que no he aceptado el hogar que Ella me ha ofrecido, prefiero mi libertad, pero lo entristecido debe venir de más arriba, de lo invisible; pero te confío que después de comer ese rico atún, mi cara ya no está triste.

A veces me duele que algunos vecinos de Ella me corran, que ordenen a sus canes que me ataquen. Dicen que yo no sé jugar con perros y es cierto, las dos razas no somos muy compatibles y atacando yo, me estoy defendiendo. Ha habido quejas de que soy agresivo con los canes; es cierto, y no me arrepiento porque he espantado a canes enormes que ya no me han vuelto a molestar.

Pero con quienes me alimentan o me acarician no soy agresivo. Como te dije, juego con Ella y le permito que me cargue. Jugueteo también con la muchacha que me gusta y con su compañero; además, soy amigo del gato negro.

Han venido otros gatos a querer comer del alimento que Ella nos da al felino negro y a mí, pero se han ido sin recibir nada. No creo que sea por falta de generosidad de Ella, sino porque ¡imagina cuántos gatos vendrían a comer!

Dicen que los gatos somos desagradecidos, pero no es así. A cambio del rico alimento que Ella me da, cuido su automóvil, vigilo su casa y aunque no lo creas, estoy a cargo de la seguridad de todo el edificio, del estacionamiento, del jardín y de todos los habitantes.

He cazado palomas, algo mal visto por los humanos, pero cuando hay demasiadas palomas alguien debe bajar su número.  No ataco a los pajaritos, ellos pueden estar seguros de que pueden venir a mi territorio a bañarse en los charcos después de la lluvia y que tranquilamente pueden comer insectos en el jardín.  Algunas veces han venido colibríes y se han detenido a alimentarse en el balcón de Ella, yo no los he molestado.

Pero hay algo que no me gusta, a veces Ella se va de viaje. Me doy cuenta porque sale de su casa con equipaje, entonces sé que van a pasar varios días en los que tendré que comer croquetas. Entonces me entra el celo en contra Güerita, esa gata se queda dentro del apartamento con toda seguridad con mucho alimento para estar bien los días de ausencia de Ella.  

He tratado de entrar a la casa de Ella, hay una ventana que a veces está abierta y por ahí sale y entra Güerita. Una vez perseguí a esa felina y estuve a punto de entrar al apartamento. Oh sorpresa, Ella estaba cocinando y nos encontramos cara a cara, así que me fui rápidamente.

Algunas noches el gato negro ha entrado al apartamento de Ella, ha comido del alimento de Güerita y ha despertado a la gata y a Ella.  El Negrito, como Ella lo llama, ha salido rapidito no sin antes pedir más comida.

También, muchas noches encontramos alimento afuera del apartamento. Ella nos deja atún y a veces leche.  Los recipientes son vaciados de inmediato.

Algo que me apena, pero no lo puedo evitar porque está en nuestra naturaleza, es que “marcamos” nuestro territorio.  La vecina de junto a Ella se ha quejado, a pesar de que mi benefactora desinfecte. ¿Qué podemos hacer?

También hay quejas porque estoy merodeando dentro y fuera del edificio, no saben que lo estoy vigilando, para que no se acerquen roedores ni ladrones.

De eso ya me había platicado mi papá; muchos humanos no se percatan de la ayuda que los felinos les proporcionamos. Por ejemplo, limpiamos el ambiente de malas vibraciones, custodiamos las propiedades y a las personas.  Ella puede tener la seguridad de que su casa estará protegida tanto si está dentro como cuando sale a sus actividades. También su carro estará resguardado, mientras haya guardianes como yo y como Negrito.

Veo tu rostro incrédulo, pero haz la prueba y vas a comprobar lo que te digo.

Antes de que Ella cuidara a Güero, mi papá me platicó que roedores muy grandes se paseaban en los alrededores del estacionamiento de este conjunto de cinco edificios. Eso ya no existe y no es para que le agradezcan a Güero o a mí, es solo un comentario.

¿Qué cómo me mantengo limpio y sano?  Nunca me verán lastimado, porque no peleo con los otros gatos. Así como no peleé con Negrito, lo dejo que coma primero y después yo, así me comporto con los otros y me respetan por ser pacífico.

Soy un felino joven y fuerte; así quiero conservarme con la ayuda de Ella. No tengo mayor ambición que el cuidarla y parece ser que Ella así lo comprende. ¿Que si me gustaría tener una familia?  Ya la tengo, Ella es mi familia y la pareja que ya te dije; no incluyo a Güerita, aunque te confío que varias veces la he visitado a cuando está en el otro balcón. Esas visitas reforzaron la creencia de Ella de que soy macho.

SE ACLARA LA CONFUSIÓN

Un día, el compañero de la joven que te platiqué, estaba jugando conmigo en el estacionamiento. Tenía sueño y me recosté en la mochila de él. Dormitaba cuando Ella se acercó. Me hice el dormido para que no se encelara porque yo estaba con alguien más. El joven le platicó que soy hembra y entonces recordé… sí, yo nací femenina pero me esterilizaron, algo bueno para mí y para mi especie, así no traemos al mundo bebes no deseados. También recordé que mi antigua familia me daba buena comida, pero ya te conté por qué escapé; además, tenía la curiosidad de saborear aquel alimento del que Güero hablaba con mi papá; tenía el deseo de conocer a Ella y saber cómo me trataría. Los primeros días subía yo a su balcón donde Ella me dejaba comida y sí, la conquisté con mi coquetería, saliendo a su encuentro, rozando su ropa para impregnarle mi olor y atrapar su aroma; por eso Ella creyó que yo era gata y no se equivocó, pero como no entré en celo y he crecido más fuerte que Güerita, empezó a creerme macho.

HABLA NEGRITO

¡Hola! Soy un felino macho que siempre ha vivido en la calle. Mi color no me favorece. Mucha gente me rehúye y he oído que les causo mala suerte.  Los humanos han olvidado que en la antigüedad adoraban gatos de todos los colores, que había una estrecha comunicación entre ellos y nosotros; nuestro mutuo lenguaje era mental. Los gatos no hemos olvidado y entendemos el idioma humano, que no les hagamos caso, es otra cuestión.

Llegué al estacionamiento de Ella por los comentarios del Vaquita y del Güero. Los conocí a los dos, pero me tenían advertido. Si me acercaba a Ella para pedir comida, me darían una tunda.  Así que fue hasta que ambos desaparecieron que me acerqué con cautela para recibir ese rico alimento y a veces trozos crudos de pollo. Ella se compadeció de mí porque las primeras veces que me vio estaba muy maltratado, una de mis orejas estaba infectada, mi mejilla izquierda herida, pero no me dejé tocar, solo consumí ese atún que en verdad es delicioso.

Como ese territorio ya estaba ocupado, tuve que convencer a su encargada, esa gata blanca con negro que parece macho porque tiene patas fuertes, cara de gato y sí, parece más macho que hembra. Pero si te fijas bien, es coqueta, zalamera, siempre se está acicalando, toda su conducta es femenina y es muy confiada y confiable.

Bueno, no creas que voy diariamente a comer con Ella. Solo de vez en cuando para no quitarle su alimento a Felix, aunque sería mejor llamarla Felicidad o Alegría, porque siempre está contenta. Con esa minina tengo comunicación estrecha, no necesito verla ni hablarle, nuestros pensamientos están unidos, por eso sé lo que ha pasado, pero prefiero que sea la propia felina quien te lo cuente, así como te contó la primera parte.

HABLA FELICIDAD o ALEGRÍA

Han pasado varias semanas desde que Ella supo que soy hembra, pero su trato hacia mí no ha cambiado. He estado frente a su balcón diariamente y a todas horas, esperando que se asome, me vea y me lance esos trozos de atún que tanto me gustan. Sé que le ha agradado mirarme cuando me “baño” después de comer, le alegra mucho ver que juego correteando mi propia cola, que atiendo a su silbido, que la sigo cuando sale hacia su auto y la espero cuando regresa, reconozco el sonido de su carro. Casi siempre me pregunta cómo estoy y por qué parezco triste; pero tan pronto me da de comer siento alegría y me agradan mucho sus caricias, por lo que le ofrezco las mías y mis ronroneos, me encantan sus mimos y siempre le pido que me acaricie más.

Otras veces me ha oído maullar en el patio de su edificio, estoy llamando al gato de la muchacha que ya te platiqué. Ahora que he recordado que soy hembra, me he dado cuenta porqué quiero jugar con ese minino y porqué asusto a Güerita. Con el gato, es porque él es macho y yo soy hembra y con la gata, bueno, es pura rivalidad.

Un miércoles estuvimos Ella y yo jugando por largo tiempo. Me dio trozos de pollo e intercambiamos ternuritas. Así fue ese mediodía, primero los jugueteos y cuando ella se marchó, entonces comí.  

Sabes, esa tarde alguien derramó sobre mi cabeza un líquido pegajoso y sentí malestares. Era un día soleado pero yo tenía frío, la noche anterior hubo una tormenta y me mojé, a lo que atribuí mis molestias. Me sentía desganada y me costó mucho trabajo limpiarme ese líquido.

El jueves no me acerqué al balcón y sé que Ella se sorprendió al no verme, pero como no era raro que faltara uno que otro día, no se preocupó tanto.

El muchacho que te cuento me buscó debajo de los autos y me encontró debilitada. Ella y su compañera me cuidaron, me ofrecieron croquetas y agua. Comentaron que tenía yo gripe por mis ojos y nariz llorosos. Creyeron que yo mismo me había ensuciado la cabeza con mucosidad.

Esa noche fue espantosa. Una secreción me escurría por la nariz y al tratar de limpiarme se me infectaron los ojos. Como llovía, no me animé a salir de debajo de una camioneta enorme para buscar la comida que Ella me deja cerca de su puerta, así que tuve que esperar a que amaneciera; tiritaba de frío.

Amaneció con mejor clima ese viernes cuando Ella me encontró echada asoleándome un poquito. No podía ver ni oler, pero pude sentir su presencia y oír su voz que trataba de consolar mi sufrimiento. Se fue por unos minutos que me parecieron horas. Me dio agua y con pañuelos húmedos limpió mis ojos y pude volver a ver, me cargó y acarició mi cuerpo debilitado apretujado a su pecho; nuestros corazones se reconocieron, palpitaban rápido y fuertemente.

Ella quiso subirme a su auto pero no se lo permití. Me dijo que volvería para llevarme con quien podría curarme, pero me escondí.  Así somos los gatos, no nos gusta que nos vean sufrir y mucho menos ir al doctor.  Ella creyó que más tarde volvería a verme, pero ya no me encontró.

Fue la pareja de jóvenes que me hallaron de nuevo y me cuidaron, me dieron más agua y croquetas. No fue desprecio, pero no comí. No tenía fuerzas, solo quería alejarme también de ellos, así que me fui y me escondí en el motor de una camioneta, necesitaba calor.

Donde me encuentro, recibo noticias de Negrito. Él sabe que los muchachos y Ella me han buscado, que están muy preocupados por mí. Sé también que Ella ha llorado mi ausencia, que ha pedido a Dios por mí y desea que yo vuelva, pero estoy tan lejos y confundida que no sé si desde este lugar decida y pueda hallar el camino de regreso.

HABLA “ELLA”

Por casi tres semanas no supe de esa preciosa gatita blanco con negro. La echaba de menos porque no conocía una callejerita tan amorosa y alegre, a pesar de su carita triste. Los amigos que también cuidaban de ella me dijeron que su dueña la encontró desfalleciente. Resulta que esa persona ya era conocida mía, así que la visité para tener noticias. Me comentó que en efecto, encontró a nuestra felina en mal estado, que la estuvo hidratando por goteo y la alimentó. Creo que en ese trance perdió alguna de sus siete vidas. Como esta señora no puede tenerla en apartamento, su hija (su humana original) ha re-adoptado a Crayola y se la llevó muy lejos, a una casa donde puede jugar en un jardín.

Siento consuelo,  aunque  lamento no seguir viéndola, pero por siempre agradeceré a la persona que la salvó, a quien actualmente la cuida y sobre todo a Dios que me dio permiso de conocer a “Felix” o “Crayola” o “Felicidad” o “Alegría”; como quieras tú llamarla.
***
Han pasado tres meses. Todas las noches dejo comida para Negrito, el plato amanece vacío. Cuando olvido cerrar la venta la ventana de la cocina, ha entrado ese gato que parece pantera en miniatura, pidiendo más alimento y no me muestra ningún temor.

De vez en cuando he visto a quien rescató a Crayola; al preguntarle por mi querida felina me ha platicado que está feliz. Vive en una casa rodeada de jardines y convive armoniosamente con otro gato. Esa gatita se ha adueñado de la casa donde ahora vive y yo, aunque cada mañana -al abrir mi ventana- quisiera encontrarla, todo el tiempo doy gracias a Dios por haberle brindado un buen hogar donde deseo sea dichosa por largo tiempo.
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